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MIÉRCOLES, 7 de junio de 2017 (HealthDay News) — Los investigadores dicen que un tipo especial de IRM podría algún día ayudar a los médicos a predecir qué bebés de alto riesgo podrían desarrollar autismo en su infancia temprana.

Conocido como IRM de conectividad funcional (IRM CF), el escáner ofrece un vistazo sobre cómo las distintas regiones del cerebro funcionan en conjunto. Resulta que ciertas áreas que están conectadas también parecen vincularse con el riesgo de autismo, dijeron los investigadores.

La IRM CF permitió a los investigadores predecir con precisión a 9 de 11 bebés en alto riesgo que luego mostraron señales conductuales de autismo.

"Usamos información de imágenes funcionales de cerebro a los 6 meses e información clínica a los 24 meses para averiguar si podíamos identificar qué bebés con un riesgo alto luego desarrollarían autismo", comentó el autor del estudio, Robert Emerson, miembro postdoctoral de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

La esperanza es que esa herramienta de predicción pueda algún día ser utilizada para identificar a los bebés que necesiten una intervención temprana.

"Lo que encontramos es emocionante, pero hay que replicar nuestros hallazgos", apuntó el autor coprincipal del estudio, el Dr. John Pruett Jr., profesor asociado de psiquiatría, radiología y psicología y ciencias del cerebro en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis.

Los trastornos del espectro autista afectan a alrededor de 1 de cada 68 niños, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Actualmente, no se puede diagnosticar a los niños hasta que tienen unos 2 años. En ese momento, comienzan a aparecer los síntomas conductuales del trastorno, como dificultades en el comportamiento, la comunicación y la interacción con los demás, las conductas repetitivas y las obsesiones.

Mientras más pronto recibe un niño servicios de intervención conductual, menor es el resultado en general, según los CDC. Y un estudio reciente incluso encontró que cuando una intervención se inició en los bebés antes de que los síntomas aparecieran por primera vez, esos bebés tenían unas mejores habilidades de atención, lenguaje, comunicación y sociales a los 3 años de edad. El estudio se presentó recientemente en la Reunión Internacional de Investigación sobre el Autismo, en San Francisco.

"Conductualmente, hay muy poco que nos informe sobre el autismo en el primer año de vida", dijo Pruett. "Sería muy importante si pudiéramos identificar características basadas en el cerebro a principios de la vida. Podríamos identificar a los bebés con un riesgo incluso más alto e incluirlos en estudios de adaptaciones infantiles de las intervenciones actuales para la niñez temprana".

El nuevo estudio incluyó a 59 bebés considerados en alto riesgo de autismo porque tenían un hermano con autismo.

"En ese grupo de alto riesgo, hay una tasa de conversión al autismo del 20 por ciento", dijo Emerson.

Los bebés se sometieron a IRM CF cuando tenían 6 meses de edad. Estuvieron dormidos durante la prueba.

La IRM CF observó la actividad neural en 230 ubicaciones distintas del cerebro. Los investigadores buscaban áreas con actividad coordinada, y se enfocaron en las conexiones que se sabe que están vinculadas con las características del autismo, como las habilidades lingüísticas, las conductas repetitivas y la conducta social.

Entonces, los investigadores desarrollaron un programa de computadora para ayudarles a organizar esta información e identificar qué bebés probablemente desarrollarían autismo y cuáles probablemente no.

Once de los 59 bebés desarrollaron autismo. La prueba y el programa pudieron predecir con éxito un 82 por ciento de esos casos. Se identificó de forma correcta que era poco probable que todos los niños que no desarrollaron autismo presentaran el trastorno en la niñez temprana, apuntaron los investigadores.

Thomas Frazier es director de ciencia de Autism Speaks. No participó en el estudio, pero revisó los hallazgos.

"Se pensaba que el autismo es un trastorno de las conexiones del cerebro, y el hecho de que la IRM de función de conectividad sea un buen predictor del autismo ayuda a confirmar esas sospechas", señaló Frazier.

"Otra cosa interesante es que muestra que podemos ver las diferencias del autismo muy temprano en la vida. Es notable que pudieran capturar cambios cerebrales relacionados con el autismo a los 6 meses", afirmó.

Como los investigadores, Frazier dijo que hay que replicar el estudio. Y, se preguntó, "¿Se puede replicar de forma que amplíe su uso más allá de los hermanos en riesgo?".

Los hallazgos aparecen en la edición del 7 de junio de la revista Science Translational Medicine.

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