Tomado de Infomed. Rev Hum Med vol.15 no.2 Ciudad de Camaguey mayo.-ago. 2015
Numerosas son las personalidades cubanas provenientes de la medicina que se destacan, sin embargo, si se pretende ofrecer no solo su contribución a la ciencia a nivel de país, sino también cómo reflexionaron sobre la ciencia de su momento y su relación con el desarrollo de Cuba, resaltan Tomás Romay Chacón (1764-1849) y Carlos J. Finlay Barres (1833-1915). Dos de los hitos esenciales en la tradición de pensamiento cubano en salud.
Jostein Gaarder mediante el lenguaje artístico ofrece una máxima acorde con el resultado de la aplicación de la teoría en la práctica médica por ambos investigadores: "[…] Lo que es bueno y lo que es malo, tocará a la Historia demostrarlo. Lo que es "sensato" es lo que tiene posibilidad de sobrevivir."
Tomás Romay Chacón reconocido como el iniciador del movimiento científico en Cuba recibe el título de Doctor en Medicina, Universidad de San Gerónimo de la Habana en 1792. Su tributación al desarrollo del pensamiento científico cubano abarca varios campos: sobresale la valía otorgada a la observación científica y la introducción de la ciencia moderna en la medicina e inicio de la bibliografía médica con su Disertación sobre la fiebre Maligna llamada vulgarmente Vómito Negro y el aporte de la introducción, propagación y conservación de la vacuna contra la viruela.
El escenario histórico en que va a iniciarse Romay, en el siglo XVIII cubano, presenta una característica fundamental, la consolidación de los elementos nacionales de una nueva clase social: la burguesía cubana. El interés de esta clase social fue imponer un sistema liberal de comercio exterior y liquidar las trabas del régimen colonial opuesto a su desarrollo. El ansia de lucro y la competencia constituyeron sus principales impulsores para fomentar un movimiento de superación cultural dirigido, en lo esencial, al impulso de la enseñanza general y el estudio de las ciencias naturales como base para hacer progresar la industria y la agricultura.
La burguesía criolla comenzó a ejercer una profunda influencia entre las demás clases sociales al estimular el movimiento de reforma económico-cultural representado por la creación y actividad de la Sociedad Económica Amigos del País y el Papel Periódico de la Habana.
Con las limitaciones propias de su tiempo y de su pertenencia clasista, el pensamiento de Romay acerca de la ciencia médica, la defensa de la cientificidad, de las condiciones higiénicas de la sociedad, su apego a la observación científica y sus ideas progresistas sobre la enseñanza de la medicina, lo sitúan en un lugar cimero de la historia de la ciencia en Cuba:
[…] La Junta Central y las subalternas esparcidas por toda la Isla constituían un todo orgánico que semejaba más bien una verdadera federación de juntas, Romay era el espíritu-guía y representaba el centro de la unidad en la acción. Es fácil observar en todos sus informes cómo hace resaltar el trabajo que llevan a cabo todos y cada uno de los médicos vacunadores, cómo los estimula y alienta en su labor, que interés despliega en tramitar sus peticiones, cómo cuida de sus intereses económicos y científicos.
Carlos J. Finlay nacido en Camagüey (1833- Habana 1915) fue graduado de médico en el Jefferson Medical College, Filadelfia, EE.UU. Sin dudas, la figura de mayor reconocimiento internacional por sus hallazgos e impronta de alta estimación para la nación cubana e internacional. Consagró su vida a la investigación científica, en varios acercamientos biográficos de los doctores Juan Guiteras, César Rodríguez Expósito, José López Sánchez, entre otros se resalta la pertenencia de Finlay no solo a la medicina, sino a la historia, a la ciencia universal y a la humanidad.
En 1881 publicó su original concepción sobre el contagio de las enfermedades y su descubrimiento del mosquito como agente trasmisor de la fiebre amarilla. Con ello sentó las bases de la teoría de la transmisión de enfermedades por vectores intermediarios, estableciendo un nuevo concepto sobre el contagio, superando las limitaciones de las dos escuelas en ese momento: contagionismo y anticontagionismo.
La valoración de Fidel Castro entroniza tal actitud:
Y nuestro país en tiempos pasados incluso cuando no tenía oportunidades de laboratorios, de estudios, produjo hombres ilustres. No en balde estamos conmemorando el centenario del descubrimiento de Finlay, hijo de esta ciudad camagüeyana, este mismo año de 1981 porque es una extraordinaria gloria de nuestra Patria. ¿Qué servicios no le prestó Finlay al mundo? Fue el descubrimiento de Finlay lo que permitió erradicar la fiebre amarilla en este hemisferio y en otros muchos lugares del mundo, ¡qué valor tan extraordinario tuvo el descubrimiento de ese científico cubano! Creo que es un buen ejemplo, una buena prueba, de cómo un pueblo pequeño y humilde puede hacer aportes grandes a la humanidad.
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