[:es]Romeo y Julieta no son únicos[:]

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Como “los amantes de Verona”, el amor en la adolescencia es una experiencia novedosa, en la cual ellos y ellas deben sentirse acompañados por la familia.

“Ahora mismo, con tanto como tiene que estudiar y esta niña se me ha enamorado”, así me comentó irritada mi vecina, cuando se enteró que su hija, que “tiene que terminar el noveno grado y fajarse con el escalafón”, tenía un novio. Evidentemente ser padre y madre de adolescentes es una tarea ardua, que nunca se sabe los giros que puede tomar.

Es este período el momento clave para descubrir los aspectos atractivos de la vida. Para ellos y ellas cada día el mundo se abre de una manera diferente. Unido a los reclamos de libertad y autonomía aparecen otros como amor y sexo.

El primer amor

3Tal cual se ha descrito es la adolescencia un etapa de todo o nada, provocado por el torbellino hormonal y emocional en el que se encuentran atrapados chicas y chicos. Es por eso que las nuevas sensaciones que experimentan se convierten en una montaña rusa de sentimientos.

El enamoramiento adolescente es “el gran amor de su vida”, es intenso, pasional, dicen estar “locamente enamorados” y haber encontrado a “la pareja ideal”. Tienen deseos de estar todo el tiempo junto a él o ella, las llamadas telefónicas se vuelven interminables, los éxitos o fracasos de la pareja se sienten como suyos, en fin, es “un amor a la tremenda”.

Sin embargo, no caben dudas de que es este un afecto inmaduro, por lo tanto generalmente con el tiempo, la intensidad, el encantamiento y la idealización de la pareja, baja. Y es que durante esta etapa, muchachas y muchachos suelen manifestar emociones fluctuantes, se enamoran no una sino muchas veces, y lo mismo se aferran con uñas y dientes a la persona escogida, que manifiestan decepciones tormentosas.

No se trata de decir que los adolescentes no saben amar, sino que en esos primeros años no poseen un concepto claro de lo que significa el noviazgo.

De recorrido por la casa

1Antiguamente se reconocía al noviazgo como la “etapa de romper sillones” y lo mismo se rompía los de los novios, por el tiempo que pasaban uno sentado al lado del otro, que el de la persona encargada de velar qué hacían los enamorados.

Pero el tiempo ha pasado y las épocas han cambiado. No solo desapareció la figura del o la chaperona, sino también varió el lugar de las visitas. De la inmovilidad de la sala, pasó al portal o la puerta de la casa, algunos lo extendieron a la entrada del edificio y hoy la mayoría recibe a las amistades y a la pareja en los dormitorios.

Vivimos una época de mayor tolerancia, en la cual se pregona la defensa de las libertades individuales y la flexibilidad, esto; aparejado a la cantidad de mensajes que nos bombardean los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, los cuales imponen “modelos nuevos de convivencia”, hace que las relaciones modernas vayan a un ritmo acelerado.

Sin embargo, aceptar las nuevas tendencias, estar “alante” como padres y madres; no nos puede llevar a ser imprudentes y actuar con ligereza. Admitir – e incluso propiciar- la convivencia en edades tan tempranas, no constituye un acto responsable. A esas alturas de la vida el noviazgo es positivo y hasta necesario, pero el compromiso de la convivencia, queda grande aun.

¿Aprobar o prohibir?

5Para afrontar esta nueva situación en el marco familiar (podríamos decir que también para cualquier otra), el mejor aliado es el diálogo. Las y los jóvenes quieren y necesitan saber qué piensan mamá y papá de la decisión que acaban de tomar, qué le parece la persona escogida, aclarar sus dudas, sentirse acompañados.

Es un error obviar la nueva relación, no darse por enterados, pensando que será algo efímero y si no se le da importancia pasará inadvertido. Para ellos y ellas no lo es, aun cuando dure poco.

Tampoco sirve el rechazo. Aun cuando no nos guste la selección, se debe evitar las prohibiciones, el pánico, la agresividad y los castigos; generalmente esta actitud provoca el efecto contrario.

Por otra parte, también es saludable controlar el exceso de entusiasmo. El noviazgo en la adolescencia NO es la preparación de un futuro matrimonio. Pensar en un compromiso marital a los 15 años es algo fuera de contexto, por eso no se le debe dar la seriedad que no tiene.

Lo mejor es acompañarlos en sus primeros ensayos de esta nueva modalidad de relación. Hay que hablar del noviazgo, del comportamiento a tener en la relación de pareja, de lo que espera uno del otro, de saber enfrentar las situaciones que se presenten, de tomar decisiones, de evitar que se dañen, simplemente escucharlos.

7Es el momento de aclarar dudas, brindar herramientas, porque de algo podemos estar seguros: si no las ofrecemos nosotros, las van a buscar en otro sitio.

Es importante que sepan que la experiencia de tener novio/a es algo muy natural pero que debe vivirse de manera consciente y responsable, que el amor está alejado de cualquier signo de violencia o maltrato, que no tiene que seguir tradiciones, que se forma a partir del consenso entre ambos y fuera de estereotipos.

También hay que conversar sobre las relaciones sexuales, momento para el cual deben estar ambos preparados, que es la cima y no el principio de la relación, que no es moda ni patrón del grupo tener sexo a edades tempranas, sino que es una extensión del amor verdadero; pero primero hay que estar seguro de ello.

Debemos buscar la manera de evaluar cómo es la conducta de la pareja adolescente en su relación, por eso resulta importante conversar con ambos para saber cómo piensan, cuáles son los patrones del recién llegado/a sobre las relaciones amorosas… en fin convertirnos en su confidente.

Una buena experiencia resulta invitar al novio/a a salir en las excursiones familiares, de esa manera podemos ver cómo se comportan ellos en su relación y al mismo tiempo ofrecer un ejemplo para la pareja joven.

Y aunque parezca increíble, ellos también esperan que nosotros establezcamos los límites, eso los hace sentirse protegidos.

En resumen ellos y ellas deben saber que estar  enamorados/as es una de las mejores experiencias que puede vivir el ser humano, el problema radica en NO confundirse y tomar decisiones precipitadas y por lo tanto inadecuadas.

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