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 Foto de portada: Ricardo López Hevia/Granma
Inocencia Bisét Bell ha puesto muchas veces la mano, no en la cándela para dar fe de alguien o algo; ha estirado el brazo 103 veces a lo largo de su vida como donante, iniciada apenas una adolescente en su oriente natal, y a la cual ahora –a punto de cumplir 61 años- piensa, no sin dolor, ponerle fin, solo obligada por las limitaciones que afloran al paso del tiempo.

La maestra Inocencia también tiene edad para abandonar las aulas, disfrutar de una merecida jubilación, y lo hizo, pero, tal cual tenía planeado, transcurridos unos meses regresó a los trajines que le ocuparon su tiempo durante cuatro “reconfortantes décadas”, según ella misma confiesa con el rostro iluminado, para agregar de inmediato:

“Ojalá pudiera hacer lo mismo como donante. Cada vez que hice mi aporte sentía que, sin ser médico, ayudaba a salvar una vida, y al mismo tiempo, me nacía una madre, un hermano, un hijo, desconocidos sí, pero con sangre mía corriendo por sus venas, y por tanto acompañados por mí adonde fueran y hasta el final de los días. Esa es la mayor recompensa”.

Así piensa esta sexagenaria, que sin lugar a duda, ha dado mucho, sin embargo quisiera aportar más todavía. Ella es solo una entre los 100 hijos del municipio Boyeros, enaltecidos como parte de la jornada de homenaje al donante de sangre, la cual inició el 6 de junio y concluirá el 14 próximo, Día Mundial de Donante de Sangre.

Al totalizar más de 100 mil entregas este año, La Habana recibirá un reconocimiento especial, de cierta manera también reverencia al significativo aporte sistemático, con lo cual contribuyen de manera decisiva a las de 410 mil donaciones de sangre que anualmente se hacen en Cuba, una de las 12 naciones de América, donde la sangre empleada en los distintos procederes médicos que lo exigen, proviene en el ciento por ciento de los casos, de las donaciones voluntarias de sus  habitantes.  

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