Marina_y_Fernando_son_felices_porque_son_cubanos

Mi niño también recordará una infancia feliz

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Mi Fernando casi cumple sus dos añitos de vida y puedo asegurarles que es muy travieso y juguetón, sabe cómo hacer que en la casa hagamos casi todo lo que desea, como dicen algunos, “sabe demasiado para su edad”…
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Marina y Fernando son felices porque son cubanos
Con sus pícaros ojitos te mira y sonríe; me sujeta las mejillas con sus manitas y me cubre de besos, y de vez en vez, también de unas
ligeras mordiditas; se acuesta en el piso y entrelaza sus piernecitas con las mías para impedirme caminar; todo con el único afán de hacerme sonreír o lograr un ratico más de juego.
Tal vez sean malcriadeces de las que solo una madre o padre soportan y entienden como actitudes simpáticas, pero una cosa si les aseguro, mi “nando” goza de lo lindo cada día.
Tengo que mantenerlo vigilado porque el jardín de la casa ya no le es suficiente para jugar, mucho menos los juguetes que por lo general adornan todos los espacios; ya descubrió los parques, las aceras, los niños vecinos, los trabajadores de los centros cercanos, y es muy amigo de todos los que al pasar le brindan una sonrisa o su mano para pasear.
Los fines de semana, es asiduo a Plaza de Marte y a todos los parques cercanos, y aunque aún prefiere mirar de lejos a los chaguitos y a las estatuas vivientes, disfruta de los aparatos que aparezcan para montar; además, de correr y escabullirse entre los árboles o pararse frente a la tarima y bailar al compás del ritmo que esté sonando.
Ya asiste al círculo infantil donde cada día aprende algo nuevo e interesante, tararea muchísimas canciones infantiles y las que no, su prima Marina, un año y medio más que él, se encarga de enseñárselas, pues a ella si no se le olvida ni una sola letra.
¿Qué si son felices? Tal vez ellos aún no sepan el significado de la palabra, pero si saben que nadie les puede negar jugar, y que tienen total libertad para asistir a parques y correr por los alrededores de su casa.
Ellos no saben qué es un tiroteo, ni de sustos ante el peligro; pero sí saben que sus padres siempre aseguran sus alimentos; y a la
guardería se va a aprender y a jugar; y aunque no les guste, cuentan con las vacunas necesarias para evitar muchísimas enfermedades.
Los niños de esta pequeña isla rodeada de mar, tienen derechos y deberes; tienen la obligación de estudiar y asistir puntualmente cada día a la escuela, ser respetuosos y responsables, porque solo así se formarán como hombres y mujeres de bien.
Tienen la oportunidad de integrarse gratuitamente desde muy pequeños, a las casas de cultura, de practicar deporte, de leer, escribir, de bailar y cantar, de recibir cariño y respeto por sus mayores.
Este primero de junio se celebra el día internacional de la infancia, pero en Cuba cada día es un motivo de celebración por los más pequeños de casa, por quienes todo cubano trabaja y sacrifica para que no les falte la salud, la educación, la sonrisa.
Cada mañana para ellos es un amanecer feliz, un derecho del que disfrutan desde que se forman en el vientre de su madre, un
derecho conquistado con una risa, un derecho por el solo hecho de nacer en Cuba.
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Autor: Liliet Moreno Salas

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