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En el contexto en que vivimos, y ante los desafíos de la salud pública cubana, vale resaltar la vigencia de un método científico que merece una revitalización.

Algunas interrogantes debemos responder:

¿Se debilita la práctica médica con el desarrollo de las ciencias?; ¿es natural que los avances tecnológicos deterioren la relación médico-paciente?; ¿pierde la práctica su carácter científico por basarse principalmente en evidencias clínicas?; ¿acaso es mejor médico aquel que depende de la tecnología para la mayoría de sus diagnósticos?

Debo recordar que la aplicación correcta del «método clínico», que incluye una relación médico-paciente adecuada, permite una aproximación a la excelencia.

Solo con el «interrogatorio», dígase indagación y «escuchación» como armas fundamentales, y el «examen físico», se pueden diagnosticar correctamente la mayoría de los casos.

A partir de la secuencia en el tiempo de los síntomas, y los hallazgos exploratorios, el razonamiento suele llevar al diagnóstico.

El desarrollo tecnológico, sin la aplicación del método clínico, puede elevar la frecuencia de errores médicos, los riesgos para el paciente y la posibilidad de iatrogenia.

Resulta inadmisible que el paciente esté más tiempo en contacto con los equipos que con su médico de asistencia. Las tecnologías, viejas o nuevas, deben considerarse, sencillamente, «herramientas útiles para complementar los sentidos del médico». En modo alguno sustituye al juicio del médico. Corresponde al galeno, dotado de saber, competencia y valores, hacer el diagnóstico.

Cuando se abandona o subvalora el método clínico, se deteriora la relación del profesional con sus pacientes, se fragmenta la atención, se pierden habilidades para interrogar y examinar, aumentan las posibilidades de error, diagnóstico y terapéutico, con sus consecuencias, que incluyen la muerte. Además, se incrementan las insatisfacciones y la incertidumbre, se elevan los gastos y, por lo general, se tarda el diagnóstico y se lacera la vocación.

Invitémonos a responder: ¿por qué debemos emplear el método clínico? A nuestro juicio, debemos aplicarlo siempre en nuestra práctica como profesionales de la salud, obviamente porque satisface a nuestros pacientes y sus familiares; porque estudiamos una carrera universitaria cuyo sentido es aplicarlo correctamente; porque es el método científico que justifica el ejercicio de la medicina, sus modos de actuación; porque «existen enfermos y no enfermedades»; porque permite diagnosticar casi todas las afecciones y nunca nos hace perder el tiempo; porque está siempre a nuestro alcance, en cualquier circunstancia; porque genera confianza; porque al usarlo conjugamos armónicamente ciencia y arte; porque nos permite pensar y sentir en la práctica de nuestra noble profesión.

A la luz de lo expresado, si me preguntaran ¿cuál es el mejor complementario? no dudaría en responder que es el «examen físico», minucioso y sistemático, «que complementa a un buen interrogatorio», en la secuencia que con certeza conduce al diagnóstico.

Para colocar el «Método Clínico» en el lugar que le corresponde, precisamente en el alma y el corazón de los médicos y la medicina, en la razón de ser de todos los profesionales de la salud, se necesita voluntad, política y científica. Vale entonces, para ser consecuentes y reverenciar a nuestros paradigmas, el reencuentro con un método indispensable.

Profesor Dr. José Luis Aparicio Suárez.

Especialista de I y II Grados en Hematología.

Máster en Educación Superior en Ciencias de la Salud.

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