Martí y la nación en La Historia me Absolverá

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José Martí es el hombre más universal del siglo XIX cubano. No fue solo un
gran político, escritor, profesor, orador, periodista y poeta; su vida fue mucho más que eso porque la dedicó a una tarea trascendental: la liberación de su pueblo. Su proyecto redentor se articuló a través de tres ideas básicas: moralidad, justicia y libertad. Martí y la nación en La Historia me Absolverá.

El héroe cubano vivió convencido de que no hay obra humana que pueda
llevarse felizmente a término, y mucho menos perdurar, si no se basa en sólidos principios y valores morales. Eso explica que la prédica moral haya estado presente en su quehacer político práctico y literario.

El Maestro vivió y murió como saben hacer los grandes, dejándonos una vida pletórica de enseñanzas y de ejemplos, y todo lo que escribió está bañado de inquietudes morales en las que se evidencia su constante
preocupación por el valor de la virtud y el perfeccionamiento humano.

Es difícil encontrar un escrito suyo donde no esté presente una sentencia moral acompañada de una reflexión ética. Tampoco resulta fácil encuadrar su conciencia moral dentro de una corriente ética de pensamiento, pues bebió de muchas fuentes y no encasilló sus ideas morales en los marcos rígidos de una filosofía o concepción del mundo.

Creador por excelencia, le imprimió el sello de su individualidad a todo lo que hizo y rechazó seguir servilmente doctrina alguna.  Eso sí, fue el consagrado de una causa: lograr la independencia de Cuba y Puerto Rico, e impedir que perdieran la suya las demás Antillas y las jóvenes repúblicas
latinoamericanas. A ella dedicó toda la fuerza de su ingenio y entereza moral.
Sus ideas morales no se formaron al fragor del ejercicio académico, en el
espacio fijo de una cátedra, aunque en ocasiones se dedicó a ese tipo de labor, sino en el transcurso de una vida dedicada a la realización de un ideal.

Ellas fueron las que le permitieron sostener el peso de la importante tarea histórica de organizar y llevar a vías de hecho una guerra que consideró necesaria, pese a los malestares de un cuerpo que quedó para siempre resentido y agonizante por las secuelas del presidio.

Precisamente, eso explica la fortaleza de su espíritu, que lo mantuvo siempre firme en los proyectos, y la preocupación constante por dotar de contenido moral las acciones revolucionarias. Por eso, Martí y la nación perdudarán por siempre en La Historia me Absolverá.

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2239236.pdf

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