Los programas subversivos de la USAID y la NED contra Cuba

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Nuestro pueblo recuerda los años más difíciles del periodo especial y la brutal escalada yanqui para destruir la Revolución cubana en los años 90. En momentos en que estallaban los artefactos explosivos en 1997 en los hoteles y nuestras autoridades frustraban nuevos complots de asesinato contra la vida de Fidel Castro durante sus visitas oficiales a países extranjeros, un nuevo programa de desestabilización contra Cuba saldría a la luz con el espaldarazo de la recién promulgada Ley Helms Burton de 1996.

A lo largo de estos 22 años el denominado “Programa Cuba” de la USAID ha sido uno de los pilares de la subversión anticubana y financista principal de la contrarrevolución y la nueva estrategia sediciosa de estos tiempos, con una asignación total que sobrepasa ya los 300 millones USD.

Este programa sedicioso emergió con fuerza a lo largo del país entre los años 1998 y 1999 con asignaciones mayores a los seis millones USD. Cuba denunció ante el mundo la ejecución de más de 325 operaciones ilegales de abastecimiento de dinero en efectivo a los grupos mercenarios así como una variedad de recursos técnicos en medios de impresión digital, cómputo y telecomunicaciones, equipos de  fax y videos, alimentos y literatura contrarrevolucionaria, lo que expresaba una poderosa ofensiva dirigida a tratar de elevar el nivel de las acciones contrarrevolucionarias al interior del país. 

Distintas voces de intelectuales y analistas políticos coinciden en que la USAID emergió en esos años como el principal financiero para la “desestabilización” de cualquier nación ambicionada por los intereses yanquis.

Una nueva estructura interna de la USAID en el año 2000, como agencia del Departamento de Estado yanqui,  reorganizó nuevas oficinas de trabajo, como “Democracia y Gobernabilidad”, “Conflictos”, “Iniciativas hacia una transición”, que potenciaron su capacidad operacional y brindó nuevas posibilidades a la CIA para sus acciones encubiertas, acorde a todo un  gigantesco movimiento expansivo del imperio contra la izquierda y los movimientos populares en el mundo.

En el año 2000 se produjeron visitas privadas de altos funcionarios estadounidenses como David Mutchler, entonces principal asesor para Cuba de la USAID y John Brademas, alto funcionario de la National Endowment for Democracy (NED). Sus visitas evaluaban el terreno operativo y coordinaban con los principales cabecillas contrarrevolucionarios y el amplio dispositivo de apoyo de la Sección de Intereses Norteamericanos (SINA) y su estación local de la CIA en la Habana.

Semejante injerencia sería denunciada por nuestras autoridades en los actos masivos y mesas redondas de la TV cubana.

Entre 2001 y 2002 viajaron a Cuba un grupo de emisarios de ONGs y otras organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami muy comprometidas tradicionalmente con el imperio. La mayoría ingresó como falsos turistas para “abastecer materialmente”· a los grupúsculos internos.

Solo en 2001, se produjeron en el terreno más de 200 entregas personales de dinero a cabecillas contrarrevolucionarias, calculadas en más de 100 000 dólares.

Desde 2001 tuvieron presencia en algunas ciudades cubanas nuevos actos provocativos de grupos mercenarios de una naturaleza muy peculiar, identificados como activistas de «lucha no violenta», instigados por algunos grupúsculos que contaban con la anuencia y el apoyo de funcionarios de  la SINA. Estas acciones agresivas dentro de Cuba, aunque aisladas y sin participación popular, se identificaban en la jerga del medio contrarrevolucionario como “actos de contenido simbólico”, los que asumieron nombres como “vigilias, marchas, planes de ayunos, conferencias de prensa y clases de desobediencia civil.” 

Muchas  de estas provocaciones se planificaban en casas particulares de miembros de grupúsculos, en la vía pública o aprovechando actividades religiosas masivas en la calles o en los templos, que nada tenían que ver con dicha provocación contrarrevolucionaria. El enemigo los llamó actos de «persuasión y protesta», como las describía Gene Sharp[1] en su literatura.

El dinero de la USAID brindó cobertura a los grupúsculos para provocaciones ilegales de un abierto desafío a la Revolución e incitar al desorden público, atraer a la prensa extranjera y mostrar aquel teatro como un show mediático en vivo para los medios internacionales, en especial La Florida, que se encargaría de amplificarlo y manipularlo.

No eran acciones espontáneas.

Habían sido inspiradas y cuidadosamente organizadas por la mafia de Miami, asesoradas por Gene Sharp, director del Albert Einstein Institute, los que brindaron entrenamiento a cabecillas contrarrevolucionarios en esa ciudad.

Más tarde se introdujeron subrepticiamente en Cuba los libros de Sharp, enmascarados como publicaciones de carácter deportivo y religioso, las que se utilizaron como material de estudio en las denominadas “clases de desobediencia civil”, entre algunos grupos mercenarios. Eran los primeros atisbos en Latinoamérica de nuevas concepciones de guerra no convencional, al intentar reeditar en las calles algunos de las 198 métodos de “protesta y persuasión” declarados en la doctrina del centro norteamericano Albert Einstein Institute, que poco después se repetirían en actos turbulentos en ciudades como Ucrania y Georgia y más tarde durante la denominada “Primavera Árabe”.

Entre los años fiscales 2001 y 2006, la USAID asignó contra Cuba 61 millones de USD a unos 142 proyectos y actividades.  Estos cuantiosos fondos continuaban sufragando púbicamente la “quintacolumna” contrarrevolucionaria interna. La USAID alentó la entrada ilegal a Cuba de miles de radios portátiles de onda corta para alentar la audición de la mal llamada Radio Martí.

Solo en el año 2005, la SINA reconoció públicamente haber distribuido internamente 4900 de estos pequeños receptores, decenas de equipos de video, medios computarizados, miles de discos compactos, más de 100 mil libros y un millón de panfletos y literatura de carácter contrarrevolucionaria, recibidos en su valija diplomática.

Un informe oficial recono­ció que el volumen de importaciones de la SINA entre 2000 y 2005 se incrementó en un 200% en comparación a perío­dos precedentes, llegando a la cifra de unas 70,5 toneladas de carga.

El Plan Bush en 2004 brindó una especial prioridad al incremento de nuevos grupos mercenarios, a los que envió computadoras laptops, celulares, radios de onda corta, medios de comunicación vía satélite, equipos de fax, impresoras y otros medios técnicos de propaganda. En estrecha relación con esta ofensiva contrarrevolucionaria, los planes 2004 y 2006 del gobierno de George W Bush, apretaban aun más las clavijas del bloqueo económico y financiero, como lo harían más tarde con igual o mayor saña sus sucesores Barack Obama y Donald Trump.

Aquellas maniobras sediciosas formaban parte de un nuevo programa subversivo que se adentraba también en Latinoamérica.

No debe sorprendernos el crecimiento entre 2000-2006 de proyectos de la USAID, que ascendieron a unos 2000 millones USD para Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

El imperio y sus aliados mercenarios en Venezuela promovieron un golpe de estado en abril de 2002. Esto se correspondía con la ofensiva restauradora de la derecha neoliberal que se proyectaba abiertamente por el imperialismo en América Latina.

Sus servicios de inteligencia reaccionaron con prontitud a esta estrategia creando en agosto 2006 una “Mission Manager” para Cuba y Venezuela, como parte de los seis temas y países de máxima prioridad de la comunidad de inteligencia norteamericana para “integrar y analizar toda la información sobre Cuba y Venezuela obtenida por la Comunidad de Inteligencia, identificar y cubrir las dudas sobre inteligencia, y asegurarse de implementar estrategias, entre otras funciones […] los formuladores de política están cada vez más concentrados en los retos que representan Cuba y Venezuela para la política exterior americana […] el Director de la Misión para Cuba y Venezuela será responsable de asegurarse que los formuladores de política puedan acceder a gran cantidad de información de inteligencia para poder tomar decisiones….”.

Actualmente, los gobernantes estadounidenses no hacen mención a tan poderoso dispositivo operacional contra Cuba y Venezuela, pero la intensidad de su política de hostilidad contra estas dos naciones revela que son sometidas al más riguroso accionar de la CIA y demás agencias de espionaje, en la búsqueda de nuevas variantes agresivas.

En cuanto a Cuba, cualquier información les resulta útil; ya sean negociaciones de suministros de petróleo, transporte marítimo, nuevos contratos o acciones económicas o financieras con el extranjero que puedan ser saboteadas y así contribuir a la asfixia del país y la desestabilización interna.

Promover una «Primavera cubana»

Una creciente asignación de 316 proyectos del Programa Cuba entre los años 2007 y 2013  alcanzó la cifra de 120,639,795  USD.   Estados Unidos habló por primera vez  de promover una “Primavera Cubana”, al estilo de los sucesos que tenían lugar en el Medio Oriente.

Sucesivas operaciones encubiertas contra Cuba en el área de las telecomunicaciones saldrían a la luz pública en esos años, dando lugar a escándalos internacionales.

El estadounidense Allan Gross, sub-contratista de la USAID,  arribó a Cuba en marzo de 2009, e introdujo ilegalmente medios de telecomunicaciones para crear y entrenar redes internas independientes y promover acciones desestabilizadoras, que permitieran difundir una imagen de caos social y político en el país.[2], lo que quedó demostrado ante los tribunales cubanos.

En esta misma línea de acción fue denunciado públicamente poco después por las autoridades cubanas el nuevo proyecto subversivo “ZunZuneo”, subvencionado también con la USAID  con similar expectativa futura de provocar  internamente una «Primavera cubana».

Con el tiempo conocimos que el proyecto “ZunZuneo” o “ZZ” fue diseñado especialmente para Cuba, con participación directa de varias ONGs extranjeras.

Su objetivo era establecer, sin ser detectada, lo que llamaron una “plataforma de comunicación horizontal” entre grupos de usuarios de celulares en Cuba, capaz de movilizarlos en una coyuntura apropiada, aprovechando su ingenuidad política,  a favor de los intereses subversivos de EEUU. La operación de la USAID se desarrolló bajo un estricto protocolo de seguridad tecnológica para lograr lo que denominaron “mantenerse por debajo del radar” con el fin de  evadir los controles de la empresa CUBACEL.

La operación “Zunzuneo” promovió a modo de disfraz una red social de mensajería sobre intereses y temáticas cercanas a los jóvenes cubanos, para disponer de una base de datos de miles de participantes, creándose condiciones futuras, para el hipotético envío de mensajes a los grupos de usuarios convocando a acciones públicas de desestabilización interna.

Tras el fracaso de “ZunZuneo”, la Radio y TV Martí anunciaron en 2013 la operación «Piramideo».

El propósito era también crear una red social  de «amigos», mediante la manipulación y la mentira,  con fondos secretos provenientes de la USAID y estructurar una nueva plataforma subversiva de mensajería contra Cuba. Al año siguiente se pondría al descubierto el programa “Commotion”, pagado también por el  gobierno de Estados Unidos, que proyectaba establecer ilegalmente una amplia conexión inalámbrica WIFI dentro de Cuba, con iguales fines subversivos.

Estas millonarias operaciones de un poderoso basamento tecnológico, perseguían incidir sobre miles de jóvenes a través de una atracción gradual cercana a sus intereses, crear la simiente de pequeños grupos organizados y contribuir en lo posible a su influencia y futura manipulación. Pocos años después, los programas USAID aprobados para Venezuela y Nicaragua en 2017 desarrollarían contra estos países plataformas tecnológicas muy similares a Zunzuneo y Piramideo.[3]

El peligro del Programa Cuba de la USAID se cierne actualmente sobre nuestra nación.

Ideólogos norteamericanos, como Thomas Carothers[4], ha declarado que el impacto político de los programas de la USAID dirigidos a nuestro país es a largo plazo, pues están diseñados para «sembrar en Cuba los fundamentos de una transición y no pueden medirse en fase de «implementación» […] muchos de los resultados importantes de los programas de Democracia son psicológicos, morales, subjetivos, indirectos y retardados en el tiempo […]».

Entre 1997 y 2018, el Programa Cuba de la USAID aprobó unos 900 proyectos y actividades de un amplio carácter subversivo y contrarrevolucionario.

Solo en estos últimos cinco años la cantidad de programas ascendió a más de 500, lo que evidencia un crecimiento exponencial, resultado de la enorme ofensiva subversiva a que es sometido nuestro país por las últimas administraciones yanquis. Obviamente, estos proyectos subversivos no fluyen abiertamente sobre Cuba. La USAID y la NED utilizan vías alternas enmascaradas ante la respuesta de las autoridades cubanas.

Algunas ONGs extranjeras subvencionadas ocultan estos vínculos utilizando visas turísticas para penetrar al país, buscan la cobertura de organismos internacionales, licencias humanitarias, se incorporan a iniciativas solidarias con Cuba, o tratan de infiltrar a sus agentes en proyectos económicos o culturales desde el extranjero mediante el vínculo que mantienen con instituciones cubanas.

La naturaleza subversiva de los programas de la USAID

Los programas USAID-NED contra Cuba y América Latina utilizan un léxico engañoso al ser presentados con etiquetas como  “Educación Cívica», «Estado de Derecho», «Ideas y valores democráticos», «Derechos Humanos», «Libertad de información», «Libertad de asociación», «Fortalecimiento de Organizaciones No gubernamentales (ONGs)», «Sociedad civil» «Procesos Políticos», entre otras. Sus contenidos están relacionados con la problemática política ideológica de la población, en especial los jóvenes y el fortalecimiento de su liderazgo en todas las esferas, incluidas la comunidad de base y los barrios más humildes.

Todas las propuestas de estos programas, sin excepción, están dirigidas a instigar a subvertir ideas y valores negativos e instigar la actividad contrarrevolucionaria interna en la juventud y su comunidad.

Los programas con la etiqueta Derechos Humanos canalizaron  desde octubre de 2017 una cifra superior a los cinco millones USD, para el sostenimiento de los grupúsculos contrarrevolucionarios, mantener el monitoreo interno ante las  falsas «violaciones de Derechos Humanos» y la documentación del expediente anticubano que es enviado sistemáticamente a instituciones y países que integran la Comisión de Derechos Humanos en la ONU o cuyos datos falsos o manipulados forman parte de los informes o declaraciones que rinde el gobierno estadounidense contra Cuba.

Los programas USAID dirigidos a la denominada “educación cívica” aportan desde octubre 2017 unos 3 millones USD.

Según su texto, el peso fundamental de estos programas descansa en la actividad de propaganda, la formación de un “liderazgo juvenil interno” y los intentos de acciones subversivas en barrios y comunidades. Otros refieren la organización de talleres sobre “democracia, transición y derechos humanos” entre los grupúsculos mercenarios; promocionar la participación ciudadana en debates públicos de “libre expresión” y publicación de boletines informativos contrarrevolucionarios.

Estos proyectos sugieren fomentar “una cultura cívica” que apoye las instituciones y los procesos democráticos, la participación activa en la vida política y las virtudes cívicas como la tolerancia, el pluralismo, el compromiso, la confianza y el respeto de los derechos individuales, incluida la igualdad de género. Expresan también en sus contenidos tratar de  identificar líderes de grupos “nacientes” y en sectores marginales; invitación a jóvenes líderes para intercambios internacionales; desarrollar programas de desarrollo como activismo juvenil, habilidades de comunicación, uso de internet y redes sociales. Proyectan también un trabajo dirigido a los cuentapropistas en el medio comunitario.

El mensaje de estos programas sugiere el fomento masivo de « una cultura cívica», que inspire tendencias políticas con un abierto carácter contestatario y contrarrevolucionario. 

Los programas USAID sobre «Valores e ideas democráticas» promueven también la incitación contrarrevolucionaria sobre hombres y mujeres jóvenes para convertirlos en supuestos« agentes de cambio »,  «capacitación y entrenamiento de líderes », organizar «concursos de ensayos críticos  contra la Revolución», entre otros proyectos subversivos más diversos desde octubre de 2016, cuyos aportes estimados ascendieron a unos 1,300,000 USD. Muchas de estas asignaciones se quedan en el extranjero, sobre todo en eventos organizados en EEUU y otros países.

Los programas con la etiqueta «Libertad de información»  promovieron entre 2014 y 2017 unos  39 programas con un monto de 6,797,562 USD. La NED aportó igualmente otros 2 millones USD.

La prioridad principal continuó siendo el  abastecimiento de la llamada «prensa independiente», incluidos sus medios de colaboración y difusión en el extranjero. Los programas impulsaron eventos o talleres dentro o fuera del país para el entrenamiento y la capacitación de reporteros y miembros de grupúsculos mercenarios; financiar boletines informativos o la entrega de medios técnicos digitales; ampliar el contacto de estos grupos con la red, facilitar el uso del correo electrónico y brindar apoyo logístico a la programación radial enemiga contra Cuba desde la Florida.

El peligro de una baja percepción de riesgo

Algunas personas son escépticas ante la peligrosidad potencial de estos programas encubiertos. Algunos “emisarios” extranjeros que visitaron el país en estos trajines sediciosos con el disfraz de ONGs humanitarias y asignaciones “enmascaradas” de la USAID, expresaron haber ingresado como falsos turistas, convirtiéndose en un barrio o dentro de un grupo de jóvenes estudiantes o artistas, en una especie de misionero de nuevo tipo, fingiendo una acción humanitaria, como las que realizan dentro de Cuba otras personas y ONGs honestas y de una definida conducta humanitaria.

Existen algunos antecedentes de ofrecimientos realizados por emisarios pagados por la USAID a vecinos en un barrio para financiar privadamente proyectos independientes de rehabilitación de viviendas en muy mal estado, creación de bibliotecas y salas de video, ayuda económica para cuentapropistas, entrega de computadores y celulares, propuesta de becas en el exterior o la organización de talleres de jóvenes en temas humanitarios tan diversos como el SIDA,  la orientación sexual, el género, los derechos humanos, por citar algunos ejemplos.

El propósito perseguido, según estos “emisarios”, era reunir a los beneficiarios y debatir sobre cómo solucionar sus  problemas o los de la comunidad mediante el desarrollo social privado “no asistido” por el gobierno cubano. Fomentar paulatinamente el distanciamiento progresivo del proceso revolucionario y convertirlos en “agentes de cambio”.

Los nuevos desafíos

Los programas subversivos de la USAID y la NED contra Cuba no cesaron en el último año  fiscal 2018 – 2019.

Según sus documentos oficiales se calculan en más de 70 proyectos contrarrevolucionarios promovidos dentro y fuera del país con una asignación superior a los 14 millones USD.

Recientemente, la USAID anunció su más reciente programa denominado Apoyo a los derechos humanos de los trabajadores médicos cubanos”, que se relaciona con una nueva patraña dirigida contra los cooperantes internacionalistas cubanos.

Un extenso documento de unas 26 cuartillas elaborado por la USAID, fundamenta una decisión del Dpto. de Estado del pasado mes de junio de 2019, al haber “colocado a Cuba” en el nivel 3 de Trata de Personas, entre otras razones, “por no tomar medidas «para abordar el trabajo forzoso en el extranjero del programa de la misión médica y “no criminalizar” todas las formas de trabajo forzado o tráfico sexual en la isla […] El régimen cubano explota a sus profesionales médicos, maestros y otros trabajadores, utilizándolos para comprar apoyo financiero y político internacional y mantener a flote su economía en dificultades, mientras se embolsa la mayoría de los salarios de estos trabajadores y los somete a una vida pobre sin condiciones (…)»

Sin embargo, el llamamiento de la USAID a otras ONGs o personas para “investigar, recopilar y analizar sistemáticamente información” sobre estas supuestas violaciones, se refiere no solo a los trabajadores de la salud, sino a todo el personal cubano “exportado al extranjero”. Podría entenderse que incluye también a maestros, instructores de deportes y cualquier otro cooperante. La información a que aspiran recopilar de sus espías e informantes incluye también “los efectos de estas prácticas en la isla”, por lo que su carga contrarrevolucionaria pretende incidir también internamente sobre estos sectores.

Según estos documentos, la nueva operación aprobará de uno a tres acuerdos de cooperación por un periodo de hasta tres años, con un monto de hasta 3 millones USD por cada acuerdo, lo que la sitúa en uno de los programas más cotizados de la USAID actualmente.

Este programa sedicioso abarcará presumiblemente numerosos países en los que existe una presencia de cooperantes cubanos.

El propósito es financiar un  enorme dispositivo de ONGs, equipos de contratistas, subcontratistas, beneficiados y cuadros experimentados en actos subversivos para la dirección de grupos de trabajo con 5 y 10 años “de experiencia en el terreno, “[…] trabajando en países cerrados, entornos no seguros, con experiencia en Cuba e implementando actividades similares, administrando programas de desarrollo, con experiencia en programas de democracia; excelencia profesional demostrada, liderazgo comprobado y habilidades de gestión.”.[…] a los que se convoca a un trabajo serio, con posibilidades creativas[…]a proponer enfoques innovadores pero realistas […]explicar los posibles desafíos y cómo planea superar estos desafíos y aborde los riesgos inherentes en la implementación de un programa que promueve los derechos humanos en el contexto cubano […]”.

Según este documento, el nuevo programa de la USAID prevé actividades de preparación y entrenamiento del personal seleccionado para recibir este “financiamiento”, gastos de  logística, medios a introducir en Cuba, movimiento aéreo y terrestre de los contratistas, viajes y organización de eventos en terceros países, alquiler de oficinas, actividades de control y finanzas, entre otras tareas organizativas y de dirección para estas personas y grupos beneficiados.

En la práctica, aspiran a organizar pequeños “Grupos de Tarea” de espías y provocadores como parte de una operación subversiva, bajo el control directo de las oficinas en la USAID y las embajadas norteamericanas en terceros países, en estrecha vinculación con la CIA y otros Servicios Especiales yanquis.

Estos dispositivos, bajo cobertura de la USAID, costearán sucias campañas propagandísticas y cualquier provocación o amenaza contra los cooperantes cubanos, incluida la mezquina incitación al abandono de misiones. 

La nueva maniobra intervencionista de la USAID se dirige a tratar de lesionar los acuerdos de cooperación internacional, como en Brasil, Bolivia, Ecuador, presionando la salida de los cubanos y dañar la imagen de la labor internacionalista en materia de salud y educación que constituyen todo un reto frente a la arrogancia yanqui y un ejemplo de solidaridad y altruismo con América Latina y el mundo.

¡Qué equivocado el enemigo si pien­sa que la resistencia del pueblo cubano puede quebrarse mediante estos proyectos turbulentos a los que nos someten!

Serán nuestros más jóvenes hijos, asediados hoy por los cantos de sirena que aspira a seducirlos, los que llevarán adelante, como lo hicieron sus padres y abuelos, los sueños de Mar­tí y Fidel, en la nación próspera e independiente del futuro que construirán, sin lugar a dudas.

http://razonesdecuba.cu/los-programas-subversivos-de-la-usaid-y-la-ned-contra-cuba/

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