[:es]Las aguas milagrosas de San Diego[:]

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http://www.granma.cu/cuba/2016-07-15/las-aguas-milagrosas-de-san-diego

 

 

 

 

 

 

Un proyecto de desarrollo local, en marcha desde el 2014, ha permitido el rescate de esta valiosa institución de salud

PINAR DEL RÍO.—Cuando volvió a su es­cuela, a finales del año pasado, después de los primeros 21 días en el balneario de San Diego, estaba tan cambiada que sus compañeros de clase le preguntaron qué le habían hecho.

“La Claudia que vino a tratarse, no era igual a la que regresaba. Antes, para saludarme, ha­bía que aguantarme, porque me desplomaba. Por eso todo el mundo tenía que ver conmigo, porque era una mejoría excepcional”, re­cuer­da esta adolescente matancera que recién terminó el octavo grado, y que ha retornado a San Diego de los Baños, en busca de nuevos progresos, con vistas a su fiesta de 15 años.

Como ella, miles de personas han pasado durante los últimos meses por la institución, que al igual que sus pacientes, comienza a re­cuperar poco a poco la vitalidad, gracias a un proyecto de desarrollo local enfocado en el rescate del que en su momento fuera reconocido como el balneario más completo de Cuba.

Historia y leyenda

Todo comenzó en la primera mitad del XVIII. Cuentan que en uno de los cafetales de la zona, un esclavo empezó a presentar lesiones en la piel, y ante el temor de que pudiera contagiar al resto de la dotación, el dueño mandó a expulsarlo.

Al parecer, el enfermo encontró los manantiales de agua caliente en las orillas del río San Diego, y decidió refugiarse allí en espera de la muerte. Sin embargo, al cabo de un tiempo, el hombre regresó junto a los suyos completamente curado.
El hecho despertó la curiosidad de cómo había podido mejorar, y dio origen a la leyenda de que las aguas del San Diego hacían milagros.

Según el doctor Dagoberto Blanco, actual director del balneario, ya a mediados del siglo XIX, miles de enfermos llegaban anualmente hasta acá desde regiones distantes, para sumergirse en sus manantiales con propiedades minero-medicinales, y hacia 1898 se establecieron los primeros médicos en el lugar, con la intención de realizar investigaciones y tratardirectamente a sus pacientes.

En 1945, el sitio fue reconocido por el Ins­tituto Nacional de Hidrología y Cli­matología Mé­dicas, por la calidad de sus aguas, luego de que los estudios físico-químicos y microbiológicos, confirmaran sus cualidades analgésicas, relajantes, antiinflamatorias y cicatrizantes.

“Esto las hace apropiadas para el tratamiento de las artropatías, las artrosis, las enfermedades reumatológicas y una gran parte de las enfermedades degenerativas del sistema nervioso central.

“Además, los pacientes con secuelas de traumatismos neuro-cerebrales u ortopédicos, y patologías dermatológicas como la soriasis, mejoran significativamente con estas aguas que nunca se agotan, y oscilan entre los 36 y los 38 grados de temperatura”, asegura el especialista.

Una cura para el balneario

Tales propiedades le valieron a los manantiales de San Diego renombre internacional, y motivaron la construcción, entre 1948 y 1952, de un moderno balneario con ocho piscinas y 24 baños privados, al que acudieron a tratarse en su momento, personas de muchas partes del mundo.

“En nuestros archivos se conservan las historias clínicas de pacientes de varios países de América y de Europa, incluyendo Estados Unidos, Canadá, México, Chile, España, Ita­lia, Bélgica, Portugal…”, afirma el doctor Da­go­berto.

Con el triunfo de la Revolución, parte de las instalaciones del centro funcionaron durante un tiempo como hospital de recuperación nu­tri­cio­nal y como policlínico, y también se fueron incrementando los servicios terapéuticos, com­ple­mentarios al tratamiento con sus aguas curativas.

“Entre ellos el uso de la medicina natural y tradicional, con un dispensario donde se preparan un grupo de pomadas y compuestos para las enfermedades de la piel”, apunta el directivo y añade que todo ello propició que esta se convirtiera en una institución balnearia, con servicio de rehabilitación integral.

 
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