[:es]Jara y Osmany: Más que Bailar en Cuba, bailaremos por Cuba [:]

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La gran oportunidad: Bailando en Cuba

Una oportunidad para el don natural y un show esperado por el público durante mucho tiempo fue sin duda alguna Bailando en Cuba. Con la experiencia de la segunda temporada de Sonando… la nueva propuesta televisiva hizo a muchos pensar que llegaría “un nuevo Para Bailar” en el siglo XXI.

Por los pasillos del ICRT y entre las compañías de baile se corrió la noticia un poco antes que en las calles de La Habana. No obstante, no hubo mucho tiempo para el disimulo cuando una enorme guagua irrumpía en cualquier lugar de la capital con el cartel que los acreditaba.

Osmany confiesa que dudó muchas veces participar en el mismo pues no tenía certezas de su organización. “Yo conocí el proyecto con un tiempo de antelación. Se hablaba sobre Bailando en Cuba, aunque no se sabía si era para profesionales o para aficionados. En mi caso, se presentaron varios bailarines del Ballet al que pertenezco. Al conocer que sería una mezcla de profesionales y aficionados comenzaron a saltar las dudas si debía o no involucrarme en ese proyecto. Siempre me interesó como bailarín porque sería una forma para darme conocer, pero tenía mis temores por el tema de la pareja”.

Recelo que aplacaría en el instante en el que conoció a Jara, una muchacha no profesional pero que traía “la sabrosura santiaguera”.

“Yo no iba a audicionar. Realmente fui como parte del proyecto Paso a Paso que le iba a presentar una coreografía a Roclan para el show del programa. En ese momento nos dicen que si queríamos bailar y al otro día me llaman y me dicen que me escogieron”, rememora Jara mientras observa cuidadosamente el trofeo que se exhibía sobre su mesa.

La competencia demandó a ambos jóvenes mucho sacrificio, no solo por el tempo del programa sino por la exigencia de tener a grandes figuras de la danza cubana como evaluadores.

“Las sesiones de trabajo eran agotadoras, pero creo realmente que el sacrificio valió la pena. Tuvimos que superar muchas veces el estrés físico, el hambre. El único alimento fue tabloncillo, espejo, coreografía, música para poder sacar lo que queríamos”, relata Jara como quien se hubiese quitado un peso de encima.

Pero la clave del triunfo de estos noveles bailarines fue quizá la confianza mutua, la complicidad que se denotaba en la mirada en cada una de las interpretaciones.

“Él me dijo siempre, ‘yo nunca te voy a dejar caer, pase lo que pase’. Y eso te da una seguridad tremenda en lo que haces. Si me pedía vuela yo era capaz de hacerlo”.

Osmany también resalta lo que significó para ellos estar junto a grandes coreógrafos de la danza cubana, lo cual es una experiencia enriquecedora para toda la vida.

“Me hubiese gustado tener un poco más de tiempo con el jurado porque en las clases magistrales que dimos con cada uno de ellos sentí que aprendí mucho. Incluso, cuando tuvimos un conversatorio en una de las sesiones de trabajo te puedo asegurar que fue muy provechoso. Son personas que tienen una gran experiencia”.

“Tengo que resaltar que en el caso de las cargadas que a tanta gente le gustó, tuvimos el apoyo no solo de los coreógrafos, también de gente de afuera, como un profesor de gimnasia de Belascoaín que nos ayudó mucho con la cargada final. La última cargada requirió hacerla muchas veces sobre colchones y en un lugar donde el techo no fuese tan bajito”.

La gran final

Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate.

Para muchos, bastó con esa mirada cómplice. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate.

Cuba isla bella, de Orishas, fue el tema interpretado por el dueto en la gran final de Bailando. El melódico tema celebra las raíces caribeñas de los miembros del grupo y la nostalgia que sienten por su patria, justo lo que buscaron los dos jóvenes orientales.

“Sentimos que durante el recorrido de la competencia habíamos bailado de todo un poco y nos hacía falta ahora llegarles y contarles desde la cubanía a las personas. Si lo lográbamos sabíamos que íbamos a ser los ganadores”, comentó Jara con la misma sonrisa que lució en todo momento.

“Sabíamos que la final era muy pareja por lo que había que hacer lo que más nos gustaba —acompañó Osmany—, lo que más nos apasionaba. Yo creo que esta canción transmite muchas cosas a los cubanos. Los dos hemos estado fuera de Cuba y sabemos lo que es extrañar a esta isla del Caribe, a la tierra que te vio nacer. Sencillamente lo que hicimos fue sacar esa emoción que teníamos por dentro, interpretarla y que llegara de una manera efectiva al público. Cuando vimos que el jurado lloró, miré a Jara y le dije: ¡Ya cumplimos, no importa lo que pase ahora, nos podemos dar por satisfechos!

El próximo pasillo

La joven pareja que asegura que volverá a bailar junta sobre los escenarios siempre que sea necesario valoró de muy positivo la realización del programa. “Este programa no solo aportó al movimiento danzario aquí en Cuba sino también para la gente que muchas veces desconoce alguno de estos bailes populares, sobre todo los jóvenes como nosotros. Lo más interesante para mí fue lograr esa fusión entre los bailes más tradicionales con los actuales”, acotó Jara.

“Muchas veces se tiende a discriminar este tipo de género y sabemos que lo que no sale en tv para algunos no existe. No solo fue bailar, también el programa habló de las tradiciones, de la historia de estos bailes, y eso para mí tiene un valor tremendo”, sentenció el holguinero mientras apuraba una taza de café que gentilmente había servido la mamá de Jara.

Su meta ahora es aprovechar los meses de entrenamiento en cada una de las compañías que dirigía el jurado. Luego partirán hacia Italia, un viaje que confiesan no solo será para aprender sino para representar a Cuba en cada escenario.

Más que Bailar en Cuba, “bailamos y bailaremos por Cuba”.

 

 

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