[:es]Hora de la lectura[:]

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!!A mí no me gusta leer». La aseveración de la niña la entendí enseguida, pues la mamá fue más categórica aún. !!A mí me da tremendo sueño y no paso de la primera página!!

La lectura es un hábito que hay que formar desde la niñez. Los primeros años son esenciales para fomentar el amor por las letras. No es lógico pedirle al niño o niña que lea, si alrededor ve personas que jamás toman un libro, un periódico o una revista en sus manos.

Nunca es demasiado pronto para empezar a leerle a su hijo o hija. Incluso en esa etapa en que comienza a hacer sus propios sonidos y a repetir en serie sílabas o palabras, hay mucho que papá y mamá pueden hacer para estimular, a la par que el desarrollo del lenguaje, el interés por el conocimiento.

Comiencen hablándole mucho, pronunciando correctamente su nombre y enseñándole láminas de animales o de muñecos. Ya es hora de leer libros de cuentos. No importa que no los entienda: El bebé escucha lo que dicen.

A medida que crece, se apropia de palabras, de conocimientos. Muéstrenle su perro de peluche y díganle: «Mira tu perrito. Vamos a ponerle un nombre. Estas son sus patas, su rabito. ¿Por qué crees que tiene cuatro patas?» De esta manera divertida podrán ayudar a que sus hijos se conviertan en lectores seguros y contentos.

Entre los dos y tres años, los niños pasan por una verdadera explosión de su vocabulario. Son capaces de combinar palabras y frases cortas, seguir instrucciones no complejas y sostener conversaciones más largas. Es la oportunidad de leerles narraciones sencillas, de conjunto con tu pareja o sola. Dile lo que está pasando en la historieta o leyenda y hazle preguntas al respecto. También puedes inventar tu propio cuento.

El mundo de los libros es algo que padres y madres pueden utilizar para despertar el interés de los niños por conocer el mundo circundante. Los cuentos infantiles fomentarán el deseo de aprender a leer. Trata de hacerlo todos los días y procura que ese tiempo esté lleno de amor y comprensión, a la vez que resulte entretenido. Para ello, articula expresiones de humor, emplea diferentes voces y haz gestos que lo diviertan.

Pero también hay que saber cuándo parar si ven que el niño o niña pierde interés o se muestra cansado. Si en el día a día de tu pequeño llega a existir un momento íntimo y agradable en el que mamá o papá o los dos juntos le leen unas historias maravillosas, estarán echando los cimientos de una relación eterna con la lectura. Un infante entrenado en este universo fabuloso puede comprender mejor lo que se le dice y pedir las cosas que quiere. El hecho de ver a su familia ocupada en la lectura, posibilita la imitación en el niño o niña. Por eso, entre tus regalos, además

de los juguetes, deben estar siempre los libros. Desde aquellos para que aprendan a colorear y les ejerciten la mente con adivinanzas y acertijos hasta los clásicos de siempre y los que se supone que su contenido sea apropiado para sus edades. El progreso se producirá rápidamente.

Un cuento antes de dormir

La vieja costumbre de contarles un cuento antes de irse a la cama resulta idónea para llevarle mensajes educativos y reafirmar hábitos. La conversación frecuente con el menor, la narración de fábulas y las pequeñas poesías que aprende desde que se empina un poco, ayudan a desarrollar su vocabulario y el interés por saber más, haciendo de la hora «cuenta cuentos», la favorita del día.

El afán de saber constituye una rica fuente para la adquisición de experiencias y conocimientos. Desde pequeños hay que familiarizarlos con los libros Más tarde, cuando domine la lectura, llegará el momento de atesorar sus propios libros.

La combinación de la lectura con los juegos y la recreación, le proporcionará a su tiempo de ocio una opción instructiva, convirtiéndolos en lectores seguros y contentos.

¡Y qué conveniente es hablarle de la importancia que tiene para su futuro el hábito de la lectura! Pero ese hábito no brota espontáneamente, requiere de motivaciones únicas, como son las que nacen en la infancia y que padres y madres tenemos el deber de incentivar cada día. No es cosa de dejar esa labor para el colegio y para el instante en que aprendan a leer. Por el contrario, esta es una de las tantas tareas que como madre y padre tenemos. La escuela

enseña e inicia, pero es en la intimidad del hogar donde la lectura dejará de ser una obligación para comenzar a convertirse en una vocación, en una pasión, en un deleite que nunca cesará.

Y como parte de esa enseñanza diaria, que sepan desde temprana edad que no se les prohibirá el acceso a los libros de los mayores, sino que se les facilitarán aquellos que realmente puedan entender y asimilar dada su edad. Ya en ese momento, el menor debe saber tratar a los libros. Que aprendan a no maltratarlos, ni a romper, ni escribir sus páginas; que los atlas o diccionarios grandes conviene hojearlos sobre una mesa; y que cuando deba utilizarlos por un tiempo, como los de la escuela, será mejor forrarlos para conservar las cubiertas.

Saber leer no es solamente la descodificación del lenguaje escrito, sino también una fuente de cultura y de desarrollo personal. Es entrar en un universo fascinante donde se dan cita la fantasía y la realidad, a la par que constituye un vehículo cultural íntimo y portador de conocimientos disímiles. A fin de cuentas, la lectura es un proceso infinito, como lo son las posibilidades del ser humano para crear o descubrir algo nuevo cada día.

Y ¡cuidado! con reírse de las inquietudes intelectuales del niño o niña. Al contrario, conviene alentarlo y considerar absolutamente normal su sed de conocimientos. Como dijo Miguel de Cervantes en boca de su Don Quijote de La Mancha, «el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho»

 

 

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