[:es]Gran Templo Masónico de La Habana: Cuando el mundo giró otra vez[:]

image_pdfimage_print
[:es]
 

 

El Gran Maestro Lázaro Cuesta Valdés reconoció el aporte de Osorio, al ofrecerles su tiempo, conocimientos y resultados. Foto: René Pérez MassolaFue un trabajo colectivo para rescatar un símbolo de la ciudad.Foto: René Pérez MassolaOsorio llegó al edificio masónico a ofrecer su ayuda desinteresada como innovador. Foto: René Pérez Massola

En este artículo: Cuba, Religión, Sociedad
Tomado de: Cubadebate
 
Esta es la mía”, exclamó Osorio, el intrépido, cuando escuchó aquel día, mientras trabajaba en su taller, una entrevista radial donde el Gran Maestro de la masonería cubana pedía colaboración para echar a andar otra vez la esfera terrestre que corona al emblemático edificio habanero, propiedad de esa organización fraternal
 

Bayamés de nacimiento, la vida de este hiperquinético electricista e innovador de  la fundición guanabacoense  Vanguardia Socialista, daría  para el guion de una telenovela de enredos, celebridades  y creatividad.

En su identificación oficial reza como Ramón Eurípides Osoria Cabrera, pero jura  y perjura que una confusión  registral varió con el tiempo  su primer apellido, legado de  su padre Francisco Eurípides  Osorio Osoria, descendiente  de renombrados mambises.

A punto de cumplir sus 68 años el próximo 31 de agosto, Osorio llegó a La Habana  cuando era niño, justo hacia  1955, año en que abrió sus  puertas el Gran Templo Masónico de La Habana, en la  céntrica esquina de Carlos III  y Belascoaín.

“Hace un tiempo iba yo en una guagua y un niño le preguntaba a su abuela por la ‘bolita del mundo’ sobre el edificio —contó—. Le comenté a  Julio Manuel Morúa, el jefe de  mantenimiento de mi fábrica,  cuyo bisabuelo fue general independentista y también tuvo  parientes masones, quien me  animó a echar una mano.

“Pero no fue hasta que escuché al Gran Maestro en la emisora Habana Radio cuando me dije: ‘arranca para allá’, y me presenté a ver cómo podía ayudar”.

Pero no era la primera vez que la inventiva de Osorio salía de los talleres de  Vanguardia Socialista. Apasionado por las artes y la  electricidad, presume de su  vieja amistad o nexos con relevantes personalidades de la  cultura cubana, historias que  vienen desde su niñez y luego  de cuando era camarógrafo  del cine aficionado.

Rita Montaner, Alicia Alonso, María Teresa Linares, Santiago Álvarez, son algunos de los nombres cercanos que menciona este hombrecillo locuaz, quien, sin embargo, expresó: “no tener suerte” en su  vida, porque paradójicamente  hoy no posee ni techo propio,  como consecuencia de un complicado conflicto familiar.

No obstante, con una alegría contagiosa habla de sus  otros arreglos anteriores en  la Escuela de Ballet, el Museo de la Música o el Instituto  de Literatura y Lingüística.  “Nunca estudié nada en academias, solo un curso de idioma ruso por la televisión”, sonrió al explicar su empirismo autodidacta.

Un símbolo de la ciudad

Cuando el pasado 23 de marzo, poco antes de caer la noche y después de todo un día  de intensa labor, la Tierra  comenzó a rotar de nuevo sobre el edificio masónico, hubo  aplausos, fotografías colectivas en la azotea, satisfacción  colectiva. “La pasamos bien,  nos divertimos cantidad”, resumió Osorio.

Para Cuesta Valdés esta esfera planetaria sobre la principal sede de la masonería en el país —actualmente  con alrededor de 26 mil 500  integrantes en 324 logias—  representa la universalidad  de esta organización fraternal, en una construcción que  en su momento fue simbólica  para el resto del continente.

“Es la brújula para saber que en el templo un grupo de hombres trabaja por el mejoramiento humano”, valoró el Gran Maestro, para enseguida reconocer el aporte  desinteresado de Osorio, al  ofrecerles su tiempo, conocimientos y resultados.

Por eso la “bolita del mundo” —como le llamamos popularmente desde nuestra niñez la mayoría de quienes habitamos en La Habana— funciona de lunes a viernes, entre las siete y las once de la noche aproximadamente, mientras sesionan las nueve logias que acoge el Gran  Templo. También la activan  cuando ocurren acontecimientos masónicos relevantes  o eventos nacionales e internacionales de su membresía.

“El objetivo es cuidarla”, explicó Calzadilla González. El administrador del edificio apuntó como propósitos más inmediatos retocar la pintura del globo terráqueo con el concurso de un alpinista integrante de la organización, quien  también pondría a punto el  imponente reloj de la fachada,  cuyo mecanismo interno de relojería ya se arregló también.

“Mi satisfacción —concluyó Osorio, nuestro singular  anirista— es dejar una huella  en algo que les preocupaba  a las personas en la ciudad.  La gente se preguntaba por  qué no daba vueltas la bola.  Yo soy el ′culpable′ de que el  mundo gire otra vez”.

[:]
Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

2 Replies to “[:es]Gran Templo Masónico de La Habana: Cuando el mundo giró otra vez[:]”

  1. Muy interesante el artículo de Miriam Ramírez Díaz sobre  el Templo Masónico, este tema de la masonería es poco conocido y merece por su importancia social y prestigio más divulgación.

Comments are closed.

Top