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[:es]Equilibrio en la convivencia[:]

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Tomado de: Revista Mujeres||
Miradas escrutadoras a nuestra sociedad nos llevan a preguntarnos sobre algunas conductas. Asuntos que preocupan dentro y fuera de casa y que, de alguna manera, nos llaman a la reflexión.
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Convivencia
El ajetreo de la vida cotidiana no puede ser motivo para perder los modales y actuar desaforadamente por la más mínima pequeñez. No es posible exigirle al niño que sea educado y respetuoso si se le grita, empuja e insulta contantemente, ya sea en casa o en plena calle. Valga decir que cuando el menor vive en un ambiente poco afectivo se inmuniza a los castigos. Por suerte, son más las familias que nunca han caído en estas formas de escarmentar en la crianza y educación infantil y que tan dañinas resultan para la autoestima del niño y el equilibrio familiar, siempre necesitado de armonía y mesura. 

Educar es persuadir, enseñar con el ejemplo. Y este pasa por una autoridad adecuada sobre los hijos sustentados por el cariño y el respeto. Si desde pequeños no se les enseña pautas amables de comportamientos, cuando traspasan los umbrales del hogar, de la escuela o el barrio, habrán perdido la compostura y el civismo que nos hacen mejores ciudadanos.

La decencia es el valor que mejor refleja la dignidad humana. También se relaciona con la moral, el recató, la honestidad, la modestia y la dignidad en el trato y las palabras. Para vivir y trasmitir a los hijos el valor de la decencia se necesita una gran educación, sensibilidad y mucho respeto por uno mismo y por los demás. Algo que se enseña desde que nace y que les servirá en un futuro a comportarse decentemente en cualquier circunstancia de la vida.

El niño necesita de la autoridad de sus padres para conocer los límites en los que debe enmarcar su conducta. El absolutismo, la arbitrariedad, solo servirá para frustrarle. La vida familiar es vida colectiva, pero cada integrante de ese grupo unido tiene una situación, una posición especial. El fruto del trato con el infante debe sustentarse en el razonamiento y la autoestima, nunca en el irrespeto y la humillación. Lo adecuado, es darle un carácter formativo, incluso a las reprimendas y al recurrir a ellas que sea con un control absoluto tanto en el tono como en el contenido.

Debe ser una constante en la familia la necesidad de un ejemplo que devenga modelo a imitar por el menor. Vivir honrosamente y comportarse con decoro en cada lugar y ocasión, fortalece el carácter y moldea la vida infantil en un medio digno.

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Autor: Marilys Suárez Moreno

 

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