Embajadores de amor, paz y vida

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Blanca como su vestimenta, así llevan también el alma, ¿quién puede dudarlo? Su nobleza ha transparentado las fronteras en un batallar incesante por la vida, que desconoce diferencias de clases, que no distingue razas y que solo pide a cambio esperanza renacida.

Nunca se les ha visto flaquear. A pesar del país que les late en el pecho desde la distancia, de los seres amados que esperan, del incesante aprendizaje de nuevos idiomas y culturas, ha sido su voluntad como el acero, porque son las convicciones el móvil que los empuja, y a quien tiene claridad de sus principios pocas veces le fallan las fuerzas.

Ángeles, así les llaman aquellos que han encontrado en sus manos el aliento, la esperanza, la ternura necesaria para arrancar una sonrisa al más sufrido, al más desamparado. Ángeles, porque quienes han sido víctimas del olvido que trae aparejado la pobreza, no encuentran un calificativo terrenal para tanto desprendimiento, altruismo, amor.

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