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Por Aixa Alfonso en la sección
Foto de portada tomada de Prensa Latina

La inmortalidad de la vida y obra del líder histórico de la Revolución cubana está estrechamente relacionada con el quehacer político, social y económico desarrollado por Fidel durante su fecunda y larga historia al servicio de la Patria y las causas justas de la humanidad.

Sus ideas rebasan las fronteras de la Mayor de las Antillas y el continente americano. Está en la impronta de cada niño, mujer y anciano que en las más distantes latitudes de Asia y África ha recibido la ayuda solidaria de médicos, paramédicos, maestros, instructores de arte o de deportes. Los símbolos que hoy Cuba enarbola en el ámbito internacional son resultado de las enseñanzas y del imperecedero ejemplo del Comandante en Jefe.

Celebramos, este domingo, el aniversario 91 del natalicio de ese Titán de los siglos XX y XXI. Fidel es el hombre que nos enseñó a leer antes de creer, a cultivar la dignidad y los principios éticos y revolucionarios que deben distinguir a todo ciudadano de bien.

Siempre estuvo en la primera trinchera de combate, para salva-guardar la independencia de la Isla ante las agresiones y embestidas fraguadas por el Imperialismo y sus cipayos. Fue un incan-sable luchador por el bienestar de los cubanos, sin distinción de clase, credo, ni raza.

De ahí nuestro eterno compromiso de mantener viva su memoria y defender el perdurable legado de ese Gigante de América para las presentes y futuras generaciones.

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