[:es]Dormir, para vivir[:]

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Foto: Desconocido

Dormir «mal» no solo representa despertar agotados, y de ello dan cuenta cada vez más estudios científicos, al colocar los trastornos del sueño dentro de uno de los grandes problemas de salud, pues repercuten directamente en la calidad de vida de las personas.

«El sueño es un proceso fisiológico, considerado como periodo de descanso de los grandes hemisferios del cerebro y surge como consecuencia de una vigilia activa y como mecanismo protector de la fatiga del sistema nervioso. Entre las características principales se reconoce la profundidad, la periodicidad y la duración.

«Este proceso tiene un papel determinante en el crecimiento y desarrollo de los niños, y en el propio desarrollo del cerebro. Está asociado, junto a la actividad motriz y el desarrollo psico-fisiológico en los primeros años de la vida, con el desarrollo psicomotor, así como con otros procesos como el aprendizaje y la regulación de la conducta».

Así sostiene la investigación El sueño en la edad preescolar y su repercusión en el desarrollo, la conducta y el aprendizaje, de la doctora Mayra Ojeda del Valle, publicada en el volumen 50, número 2, de la Revista Cubana de Higiene y Epidemiología, y que aborda la importancia y las características de este elemento del régimen diario para los pequeños de casa, además de algunos factores de riesgo asociados en las primeras edades.

Según explica el estudio, en la infancia, la duración y el ciclo de las diferentes fases del sueño difieren de las del adulto.

De ahí la importancia de organizar las diferentes actividades diarias que contemplen las horas de sueño según la edad, el estado de salud y las particularidades individuales de los niños, refiere.

«Entre el mes y los tres meses de vida, los niños duermen alrededor de 15 horas diarias como promedio; después va descendiendo hasta 12 horas a los tres años. Por lo regular, duermen una siesta en el día. Entre los cinco y seis años de edad, el sueño debe ser de diez horas en la noche y no deben hacer siestas. Durante el día, es mucho más necesario organizar sus actividades, de manera que sea una vigilia activa, donde predomine el juego y el intercambio con otros niños», alude la investigación.

Asimismo, el estudio plantea que entre los motivos de consulta por problemas del sueño en la infancia temprana, se ha reportado al insomnio. «Como causa más frecuente se destacan las expectativas y hábitos inadecuados por parte de los padres, quienes han establecido en forma incorrecta los límites del sueño nocturno y durante el día».

«En los niños en edad preescolar y escolares pequeños también suelen presentarse las llamadas pesadillas, asociadas a episodios atemorizadores ocurridos durante la vida diurna. También se han referido otros problemas como el sonambulismo, el bruxismo, la somniloquia y los terrores nocturnos. Todos ellos pueden provocar una fragmentación del sueño».

Pero, afirma el artículo, uno de los principales problemas en la actualidad asociados con el sueño en la infancia, está relacionado con el tiempo excesivo dedicado a la televisión y los videojuegos.

«Desde pequeños, el régimen de vida establecido por la familia tiene una alta incidencia en la consecución de un sueño pleno, profundo y verdaderamente reparador del organismo infantil», refiere el estudio, que añade el hecho de que, clínicamente, los niños con problemas relacionados con el sueño se manifiestan con una exagerada hiperactividad, desatención, irritabilidad, impulsividad y pueden llegar a presentar conductas agresivas.

«Diversos autores han encontrado problemas relacionados con el régimen de sueño y la actividad motriz en la infancia, lo que a menudo conlleva riesgos en el desarrollo psicomotor (DPM) y en la capacidad de aprendizaje, dada la asociación de funciones a nivel del cerebro infantil», plantea el texto, que al mismo tiempo refiere que actualmente se reporta una elevada incidencia del síndrome de atención e hiperactividad (SDAH), el cual por lo general se asocia a trastornos del sueño y una exagerada actividad motriz, con falta de concentración para realizar o concluir las diferentes tareas que se le encomiendan al infante.

«En una investigación realizada en Cuba sobre los factores de riesgo vinculados a la salud y el aprendizaje en niños de edad preescolar, se encontró que el 56,8 % dedicaba, como promedio, al sueño nocturno, menos horas de las recomendadas para la edad, lo cual repercute de forma importante sobre la salud, el desarrollo cognitivo y en el aprendizaje del niño. En ese estudio, el 12,5 % de los niños tenía antecedentes de retardo en el desarrollo psicomotor, y en el 12,6 % retardo del habla según refirieron sus padres. En el examen físico realizado a los niños preescolares por el equipo de investigación, el 5,9 % aún presentaba retardo del DPM en alguna de las áreas exploradas, sobre todo en el área motora y del lenguaje, y en menor grado, en el área de la socialización», explica la autora.

De particular interés resultó el hecho de que, entre los antecedentes de hábitos y comportamientos, se encontró en el citado estudio un 69,8 % de niños que excedieron las horas recomendadas frente al televisor o dedicadas a los videojuegos.

«Los problemas de salud y de aprendizaje en los niños en las edades tempranas de la vida pueden estar asociados con diversos factores de riesgo. Muchos de ellos son prevenibles y modificables en la medida en que las familias toman conciencia de la importancia de establecer un régimen diario para las diferentes actividades que realizan los niños, especialmente relacionadas con la satisfacción de las necesidades básicas como el sueño», concluye el artículo.

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