[:es]Dieciocho episodios para tener un hijo[:]

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La vida de Yanibis Blanco Chacón presagiaba tragedia, hasta que la medicina cubana comenzó a hacer prodigios. Aquella niña aislada y triste es hoy una joven plena que besa cada día lo que parecía imposible, una hija


Camagüey.— Yanibis Blanco Chacón creció sometida a tensiones físicas y emocionales debido a una enfermedad que padecen pocas niñas en el mundo. Por ello es una joven muy tímida, sencilla y una madre muy agradecida de muchos amigos y del milagro que sabe le devolvió a la vida.

Vino al mundo en Las Tunas con una extrofia vesical y de cloaca, y epispadias —anomalía congénita compleja que abarca el sistema músculo-esquelético, urinario, reproductivo y tracto intestinal—, que no le permitió ir a la escuela ni jugar con otras niñas.

La joven, ahora con 26 años, creció con la vejiga a flor de piel y otras malformaciones. «Imagina que después de 18 operaciones aún orino por el ombligo a través de una manguerita», explicó.

A los tres meses de nacida iniciaron sus primeras cirugías en el hospital Pediátrico de Camagüey. «Cuenta mi familia que me introdujeron la vejiga, pero no fue posible mantenerla en su lugar», relató.

En esta intervención también le hicieron una osteotomía ilíaca —corte quirúrgico en la pelvis, con la finalidad de reorientar el acetábulo (cavidad de la pelvis ósea, en la que se articula la cabeza del fémur).

«Desde entonces he sido visita asidua en los salones de los hospitales de Camagüey y otros en Santiago de Cuba y la capital», comentó a JR.

Adolescencia marchita

Yanibis nació en la zona rural de El Indio, municipio tunero de Amancio Rodríguez, en un hogar humilde que no tuvo mucha felicidad, porque la pequeña era rechazada debido a las secuelas de la enfermedad.

«Nunca usé pantalones cortos ni largos, sino muchos pañales, porque me cambiaban cada dos minutos. Eso sí, tuve varias maestras que me dieron clases en la casa y fueron la única vida social que tuve. A mi mamá, Umelina; mi papá, Pedro; mis hermanas, Yanet y Yamilka, y mi hermano, Yusbel, junto a mis abuelos y otros familiares, les agradezco la decisión de estar siempre a mi lado, pero sin la determinación de mis tíos, Nancy Chacón y Nelson Toledo, quienes me acogieron como a una hija en Camagüey, no sabría el rumbo que hubiese tomado mi vida», subrayó esta ama de casa.

La joven ha sufrido un largo período de procederes quirúrgicos. «A los seis meses me introdujeron la vejiga, cirugía que hubo que repetir varias veces; a los dos años me operaron un prolapso rectal, y a los 14 me enfrenté a una compleja intervención, que me devolvió la alegría de vivir», aseveró.

Las 14 primaveras

Como toda adolescente soñaba con sus 15 primaveras. Mientras otras muchachas aspiraban a una fiesta, para ella el sueño era ponerse un pantalón, deseo que se hizo realidad cuando a sus 14 años le practicaron una intervención muy riesgosa.

«El 10 de febrero de 2006 me hicieron siete operaciones en una, que duró 16 horas. Me llamaron del hospital capitalino William Soler para realizarme esta intervención. A los médicos y enfermeras, especialmente a la uróloga Itsel Vela Caravia, les agradezco eternamente. Nada falló en aquel salón y hasta un doctor australiano participó», detalló.

Sin embargo, nada la sorprendería más que conocer que su apéndice se le fijó a su nueva vejiga y esta al ombligo, para orinar por este acceso y no por el ano, el otro proceder que le permitiría realizar esa función.

«Escogí la vía del ombligo, porque la del ano me eliminaba toda posibilidad, aunque fuese muy remota, de tener un hijo, y yo quería ser madre», enfatizó.

Sobre esta arriesgada intervención la especialista en Urología Itsel Vela Caravia explicó que el caso de Yanibis, al igual que el de otras niñas y niños   —la malformación se origina en ambos sexos— fue un logro destacado de la ciencia y la medicina cubanas, que demostró la pericia de los galenos, quienes en esos días de 2006 operaron a varios pacientes con esa enfermedad.

Para el acto quirúrgico se invitó al cirujano y pediatra australiano Paddy Dewan, quien entrenó a los galenos de la Isla en este proceder.

«Con este ciclo de operaciones Cuba abrió nuevos horizontes para el tratamiento de la extrofia vesical en el Hospital William Soler, en el cual se realizan estos procederes hasta el presente», relató la uróloga.

Y llegó el amor

A los 15 años la joven estrenó por vez primera un short, después un pantalón y luego una licra. Interactuar con el mundo que le rodeaba era su mayor alegría, hasta que conoció a su actual esposo, Pedro Ávalo Boudet, quien se convirtió en un fuerte motivo para pelear por sus sueños.

Con el joven llegó una nueva etapa a la vida de esta muchacha, porque darle el sí a su enamorado requirió contarle su verdad. «Cuando le conté sobre mi vida me abrazó y empezamos el noviazgo, que duró dos años. Al principio no fue fácil, porque hubo quien le aconsejó que no se casara conmigo, porque yo era un “problema”, pero decidimos luchar por nuestra felicidad y tener una vida sexual natural y un hijo».

La pareja se casó cuando la novia cumplió sus dos décadas de vida y desde ese instante crecieron sus sanas ambiciones. «Al año de estar casados soñamos con aquello que me dijo la doctora Itsel de que si me hacían una vagina yo podría tener un hijo. Por eso fuimos a las consultas de Planificación Familiar, donde conocimos al especialista en Urología Juan Carlos Yip Felipe, quien nos cambió la vida».

Para conocer acerca de cómo se desarrolló ese proceso JR contactó con el galeno del Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, quien confirmó que este caso puso a prueba sus dotes como especialista.

«Escuché detenidamente a la pareja y a su tía y luego les hicimos una exhaustiva entrevista y a Yanibis un profundo examen físico, con el cual corroboramos que ella sí tenía vagina, solo que era más estrecha que la punta de un dedo meñique.

«Esto reforzó nuestros propósitos: devolverle a la joven una vida sexual natural y las esperanzas de tener un hijo. Confieso que mi objetivo inicial fue solo el de restablecer la vagina para que la muchacha tuviera un pleno disfrute sexual, porque su segundo deseo, ser madre, hasta para mí era una posibilidad remota.

«Al realizarle a la paciente los estudios hormonales e imagenológicos se confirmó que sus órganos reproductivos funcionaban adecuadamente, lo cual permitió soñar en grande sobre la posibilidad de que Yanibis pudiera tener un hijo.

«Interconsultamos el caso con diferentes especialistas, quienes apoyaron la idea de hacerle una plastia de vagina, proceder que le devolvió las dimensiones vaginales apropiadas.

«Actualmente —aseveró— no existe ningún caso similar al de Yanibis descrito en la bibliografía consultada en la comunidad médica de Cuba e internacional», contó Yip Felipe.

En junio de 2012 a Yanibis se le practicó la plastia de vagina, que implicó además tres meses de dilataciones constantes para que esta no se estrechara y un año de reposo sexual. Luego retomó una muy renovada normalidad en la vida de pareja.

Narra este galeno que el tiempo pasó y Yanibis no perdió las esperanzas, hasta que al año de realizársele la plastia, la pareja lo visitó en su consulta, para informarle que ella estaba con «males» de embarazo. «La noticia hizo que a los compañeros presentes se nos salieran las lágrimas de emoción», dijo muy satisfecho.

Cigüeña a la vista

Al confirmarse las sospechas, un equipo multidisciplinario de especialistas del Hospital Materno Infantil Ana Betancourt, de esta ciudad, acogió a la paciente durante los nueve meses posteriores al «notición».

La gestante permaneció ingresada bajo la supervisión de galenos y enfermeras, hasta que el 17 de diciembre de 2014, cerca de las ocho de la noche, los dolores de parto movilizaron al    hospital.

«Aquello fue un “corre corre”, pues me trasladaron urgentemente al salón donde me hicieron una cesárea. La niña nació fuerte y sana el 18 de diciembre, a las 3:00 a.m.», rememoró.

«Recuerdo que tía Nancy contó a 22 profesionales en la cesárea, entre urólogos, anestesistas, neonatólogos, obstetras, ginecólogos, cardiólogos, enfermeras y hasta una ambulancia estuvo a mi disposición. Los miembros del consejo de dirección esperaron a que pariera y Sigfrido Valdés, el director del Materno, nos afirmó: “Al fin ganamos esta batalla”».

Y como Yanibis y su retoño son «hijas» naturales de la medicina cubana, ella nombró a su niña, María Carla, en gratitud al doctor Juan Carlos Yip, quien es el padrino de su beba.

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Autor:

Yahily Hernández Porto

 

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