[:es]Contra el síndrome boca-mano-pie, higiene[:]

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Es muy común en la infancia, y tanto los pediatras, centros para el cuidado de los niños pequeños y las escuelas preescolares suelen verla con frecuencia en el verano y el comienzo del otoño. Los padres y cuidadores a menudo se alarman y quieren saber exactamente qué padecen sus pequeños, cómo pueden ayudarlos a lidiar con los síntomas que genera y cuándo pueden regresar a su lugar de cuidado o a la escuela.

Se trata justamente del síndrome boca-mano-pie, «una enfermedad viral común, frecuente y contagiosa, que generalmente afecta a niños menores de cinco años, aunque puede verse en adolescentes, o incluso en adultos», explicó a Granma el doctor Rinaldo Puga Gómez, especialista de I y II grado en Pediatría y presidente del Consejo Científico de la Clínica Cira García.

Este síndrome es causado fundamentalmente por un enterovirus llamado Coxsackie (A16 y enterovirus 71). Es importante no confundirlo con la fiebre
aftosa del ganado, por eso es esencial saber que el único reservorio es el ser humano, y que no se transmite por tocar mascotas. Los seres humanos no contraen la enfermedad de los animales ni los animales la de los humanos, puntualizó el también máster en Atención Integral al Niño.

Asimismo, dijo el profesor auxiliar, los enterovirus también causan otras enfermedades comunes como la Herpangina y la Conjuntivitis Hemorrágica. «Pero estos virus provocan inmunidad específica al serotipo causal, por lo cual pueden ocurrir estas enfermedades debido a otros serotipos (es decir repetirse en otro momento), pero generalmente provocan interferencia entre ellos, por lo que no repiten en ese periodo estacional», señaló.

De acuerdo con el doctor Puga Gómez, el síndrome boca-mano-pie tiene un periodo de incubación entre cuatro y seis días, y su principal vía de transmisión es la fecal-oral, y también a través de objetos contaminados. «Por ejemplo, es fundamental el cambio de pañales, y determinante la higiene y lavado de las manos.

También puede transmitirse por vía respiratoria si hay contacto con las secreciones directamente, o de objetos previamente contaminados. Es por ello que cursa como brotes, ante la ausencia de las medidas de higiene adecuadas».

Sobre los síntomas y signos de esta enfermedad, el especialista mencionó la fiebre, no muy alta, el malestar general, decaimiento, la pérdida del apetito, y el dolor de garganta.

«Aparecen llagas dolorosas en la boca, y alrededor de esta (mejillas y mentón), las cuales se inician como puntos rojos que no sobresalen a relieve, y luego se convierten en aftas o úlceras que pueden estar incluso en las encías y a los lados de la lengua.

Además de en la boca, aparece una erupción en la piel del dorso de las manos y de los pies, así como lesiones de tipo máculas en las palmas de las manos y plantas de los pies, que suelen convertirse en ampollas, las cuales no deben romperse. Estas lesiones en la piel también pueden extenderse a los brazos, rodillas y codos, y regiones del glúteo y genitales (área del pañal en los niños más pequeños)», refirió el entrevistado.

Aclaró el experto que generalmente, casi de forma absoluta, esta enfermedad es autolimitada, con una duración entre siete a diez días, y no todos los enfermos tienen el cuadro completo de síntomas. Del mismo modo, dijo que no es común que aparezcan complicaciones.

«No hay un tratamiento específico», comentó el especialista. Se debe solamente controlar la fiebre y el dolor, y usar antihistamínicos, si hubiera picazón, que no es característico del síndrome.

Es recomendable, subrayó, beber agua, infusiones, jugos y otros líquidos frecuentes, preferiblemente frescos, para evitar la deshidratación. «Los antibióticos no son necesarios, solo de existir una infección bacteriana comprobada, que es infrecuente», insistió el doctor Puga Gómez.

El diagnóstico de este síndrome es clínico, basado sobre todo en la historia de la enfermedad y el examen físico, mencionó.

Pero lo realmente importante ante este síndrome, es saber que, literalmente, su prevención esté en nuestras manos, en el lavado frecuente de estas con agua y jabón, durante al menos 20 segundos. Asimismo, evitar el contacto directo, no compartir objetos mientras el niño o niña esté enfermo, y desinfectar las superficies y objetos que pueden transmitir el virus. En otras palabras, higiene.

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