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Tomado de: Juventud Rebelde ||

La joven doctora Adnara Barrera Burrover asegura que tiene una anécdota desgarradora por cada uno de los días que permaneció al interior del Estado de Pará, una zona de pescadores a donde nunca llegó un médico brasilero

Médico cubana

Una mezcla de alegría y tristeza, conviven al unísono en el corazón de la doctora Adnara Barrera Burrover. La joven de 30 años, integra la nómina de los médicos cubanos que tuvieron que dejar en manos del destino la salud de sus pacientes en Brasil, tras una arbitraria decisión del nuevo presidente de ese país.

  Adnara, formada bajo los principios del humanismo, asegura que tiene una anécdota desgarradora por cada uno de los días que permaneció al interior del Estado de Pará, una zona de pescadores a donde nunca llegó un médico brasilero, y donde se creció profesionalmente por un período de dos años.

  “La más conmovedora, sea quizás, aquella niña de dos años de edad, que nos llevaron a la consulta con quemaduras graves en su cuerpo. Le dimos los primeros auxilios y la enviamos a recibir atención especializada a un hospital urbano que se encuentra a unos 45 kilómetros de la comunidad. De más estar describir que hay serias limitaciones en el transporte y es muy complejo el tránsito hacia la ciudad, por lo que fue enviada en el carro del enfermero. Al llegar al centro asistencial de salud no la quisieron atender y la devolvieron a su casa sin esperanzas de vida. Claro que no permitimos que la pequeña nos abandonara sin intentar hasta la más remota de las posibilidades, así que permanecimos con ella por varios días hasta que logramos estabilizarla. Afortunadamente logró sobrevivir”, relata la doctora.

  “Esta es solo una de las tantas historias que vivimos allí y que nos obligan a pensar en el futuro que depara a los pescadores de Pará y de otros Estados intrincados, donde solo nosotros, nos atrevimos a llegar”.

   Y otra vez, esa pausa en el diálogo y sus ojos cubiertos de lágrimas. Voltea la mirada, buscando quizás alejar la tristeza. El silencio lo irrumpe esa voz entrecortada que aparece y desaparece acompañada de vivencias: “llegamos siendo médicos, pero nos fuimos siendo amigos, familia…   “te puedo asegurar que ellos están tan tristes como nosotros”, sentencia.

  “Dejamos una población totalmente desamparada, y aunque me siento muy orgullosa de haber cumplido con la misión encomendada, no puedo evitar pensar en mis pacientes, en mis amigos, en esa otra familia que logramos formar durante los años que allí permanecimos”.

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Autor: Odalis Acosta Gongora

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