[:es]Asesinato de Aracelio Iglesias Díaz. [:]

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Militante comunista y líder sindical de los obreros portuarios cubanos. Asesinado por sicarios al servicio del gobierno de Carlos Prio Socarras .En la tarde del  17 de octubre de 1948

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Un grupo de pistoleros arribó de forma violenta y abrió fuego contra él, en cuya espalda se alojaron cuatro proyectiles. Trasladado de inmediato al hospital, falleció al día siguiente, mientras era intervenido quirúrgicamente.

Para la criminal acción se pusieron de acuerdo el pistolero anarquista Joaquín Aubí, miembro del Buró de Investigaciones Policiales y agente del G-Men en Cuba, y Eliécer Baudín Vázquez (El Cojo), jefe de los interventores del gobierno en el control de Estibadores y confidente de la embajada norteamericana.

Numerosos rejuegos hicieron que los autores materiales del crimen no fueran condenados.

Uno de ellos, Soler Puig, quien tras el triunfo revolucionario abandonó el país, regresó en abril de 1961 como miembro de un grupo de operaciones especiales de la brigada mercenaria 2506. Fue juzgado y condenado por este y otros delitos.

Su combatividad determinó que en 1938 fuera electo secretario de finanzas del Sindicato de Estibadores y Jornaleros, y más tarde, su secretario general. En Enero del siguiente año, durante el congreso constitutivo de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), integró el Comité Ejecutivo de esta organización.

En 1946 ocupó la secretaría de la Federación Obrera Marítima Local del Puerto de La Habana.

Con su infatigable lucha al frente del sindicato y el apoyo de sus compañeros, arrancó a los patronos importantes conquistas para los trabajadores, entre ellas el establecimiento de las listas rotativas, aumento de salarios y el descanso retribuido.

La labor de Aracelio, negro, comunista y dirigente obrero, preocupó siempre a los explotadores, el imperialismo yanqui y los gobernantes de turno. Por tal razón no fue casual que, durante el período presidencial de Ramón Grau San Martín, la represión al movimiento obrero y a los dirigentes unitarios constituyera una constante, en particular contra los líderes del movimiento azucarero, Jesús Menéndez, y del [portuario], Aracelio Iglesias.

Numerosos y extensos documentos prueban que, desde principios de 1947, los jefes militares y policiales de todo el país recibieron órdenes, indicaciones y circulares dirigidas a detener las denominadas “actividades subversivas”, a los “perturbadores comunistas” o a los “propagadores de teorías extranjerizantes”.

Resulta comprensible que para los furibundos anticomunistas y explotadores, la represión de los trabajadores y sus líderes fuera una necesidad.

Pero el hecho de que las denuncias, cartas e informaciones sobre el quehacer de los dirigentes obreros estuvieran dirigidas a las autoridades militares demuestra el reconocimiento del papel asignado por el gobierno a los uniformados.

Aracelio fue una gran preocupación, no sólo por las numerosas conquistas que obtuvo para los trabajadores, sino también por el prestigio, responsabilidad y autoridad de que gozaba entre sus compañeros. Por ese motivo, y sobre todo desde que comenzó a afectar los intereses yanquis, su vida corría peligro. Él lo supo; pero no rehusó.

FUENTE : ECURED

 

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