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Tuesday, 13/06/2017 11:15 AM

Por Yelena Rodrígue…

 
Texto y foto: Yelena Rodríguez Velázquez

Bien conocida es la máxima prioridad que otorga el gobierno cubano a la salud como uno de los principales derechos humanos, lo cual se hace evidente en los indicadores alcanzados y los tres grandes propósitos planteados para el sector en función de continuar elevando el bienestar de la población, incrementar la calidad y satisfacción con los servicios, y hacer eficiente y sostenible el sistema, garantizando su desarrollo.

El Ministerio de Salud Pública realiza cambios necesarios para hacerse pertinente a estos tiempos y responder así a las demandas de salud de la población cubana; pero ¿dónde queda el trabajo social?

Desde sus orígenes y luego de 1959, esta profesión ha estado vinculada a las Ciencias Médicas, donde prima la asistencialidad en materia de actuación. Sin embargo, la realidad que tiene el sector en medio del escenario diverso y contradictorio actual, marcado por una gran conflictividad en la vida social, requiere de nuevas actuaciones.

Justamente a estos sucesos y perspectivas responde la investigación de la Dra. en Ciencias Iyamira Hernández Pita,

Presidenta del Comité Científico de la Sociedad Cubana de Trabajadores Sociales, en la que hace alusión a la necesidad de desprendernos y saltar las barreras del asistencialismo para lograr un trabajo sistemático e intersectorial.

¿Cuál debería ser el primer paso para lograr ese desprendimiento?

“Una de las preocupantes mayores es la formación del trabajador social, su preparación y superación profesional. No es hacer una ruptura total con las ciencias biomédicas sino vincularlo a las ciencias sociales, fortalecer las ciencias políticas y el trabajo social como profesión e institucionalización de manera que trascienda el asistencialismo.

“Hace falta un espacio de preparación y capacitación para fortalecer la teoría y los instrumentos metodológicos y teóricos para entonces poder llevarlos a la práctica.

“Necesitamos incorporarlo a los estudios universitarios y vincularlo a la academia como profesión especializada, eso nos fortalecería frente a la nueva cuestión social”.

¿Cuáles son esas nuevas problemáticas sociales?

“La sociedad en que vivimos está marcada por vulnerabilidades. Hay temas no tan nuevos como el aumento del consumo de hábitos tóxicos y otros relacionados con la inclusión social en materia de orientación para la sexualidad y enfoques de géneros, pero ahora está la cuestión de la población envejecida que es un gran desafío en nuestra labor social”.

¿Qué acciones están realizando para lograr esa superación?

“Uno de los proyectos que se realiza desde los años 90 es precisamente la inserción de los trabajadores sociales en los talleres de transformación barriales. Además, hemos logrado un vínculo con el Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana, el cual constituye un referente a nivel nacional.

“Una de las novedades, en la provincia de La Habana, es la apertura para estudiantes de noveno grado de un técnico medio vinculado al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y que tributa a las comisiones de prevención de cada territorio”.

La iniciativa ha nacido como una especie de experimento y promete resultados optimistas, pues el objetivo es convocar y enseñar a las personas a ser responsables, lograr que participen desde sus propias necesidades en los procesos y se sientan sujetos conscientes de cambio y de transformaciones sociales para alcanzar el desarrollo local.

Esto, sin embrago, no se lograría si el trabajador social deja de lado el gran compromiso que tiene con las personas, el amplio sentido de solidaridad, humanismo, equidad y justicia social que debe acompañar su tarea. Debe entonces desalojar los malos estigmas, siendo capaz de sensibilizarse con la gente común haciendo suyas sus preocupaciones y problemas.

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