[:es]A 50 años de la caída del Che: La Higuera, un lugar en el mundo[:]

image_pdfimage_print
[:es]

Se cumplen 50 años de la muerte del revolucionario que hizo que La Higuera ya no fuera la misma. Diez mil personas esperan que lleguen -o consigan llegar- a este pueblo de 50 almas y se lleven un poquito de esta tierra en el corazón, tal como le sucedió a quien escribe estas líneas.

"El Che vive". Foto: Lautaro Actis.

Existen lugares que por encontrarse en sitios remotos, poseer climas inhóspitos o por no disfrutar de ciertos servicios públicos, no son atractivos para muchas personas. La Higuera es uno de ellos. Lugar a donde llega quién realmente tiene un interés auténtico en conocer. Un camino largo, de tierra, entre montañas, en el cual las curvas vienen una atrás de otra en un eslabón cuya pendiente es pronunciada. Un clima seco que produce surcos tanto en la piel como en la tierra, lluvias sólo en un mes del año, el mismo mes en el que se puede conseguir alguna fruta. El sol parte el día en dos, toda actividad al aire libre se debe hacer antes de las 11 de la mañana o después de las 4 de la tarde. Agua, hasta apenas iniciada la tarde y luz eléctrica no hay. Internet, wi-fi, señal de celulares no se conocen allí. Lugar donde se queda quien realmente tiene un interés autentico en descubrir.

Un pueblo polvoriento más de esos perdidos en la nada, a casi unos dos mil metros, al cual nadie hubiese conocido si no fuera porque allí, en la escuela del pueblo, fue asesinado una de las personalidades más trascendentes del siglo XX: Ernesto “Che” Guevara.

Desde la pequeña plaza, a simple vista se visualizan tres bustos del guerrillero nacido en Rosario, Argentina. La nueva escuela primaria, así como la mayoría de las casas y almacenes tienen murales o grafitis de viajeros y militantes sociales de todo el mundo que han llegado a este pueblo al cual la presencia de la muerte del Che los hace pasar varias horas en buses destartalados por caminos de tierra que se dibujan en grandes sierras cubiertos de vegetación de tierra seca -espinillos y arbustos- que secan la piel con tan solo animarse a espiar por la ventanilla.

Camino a La Higuera. Foto: Lautaro Actis.

Es que por más que existen reiteradas promesas de asfalto y mejoras en la carretera, el viaje entre Valle Grande -la ciudad más cercana- y La Higuera son unas largas tres horas donde el sol es omnipresente, interrumpido por ciertos pueblitos, entre ellos Pucará, autodenominada “la capital del cielo” que deja ver, tanto en su escudo como en la comisaria, la mundialmente conocida fotografía del hombre de la estrella que el fotógrafo cubano Alberto Korda capturó en la Plaza de la Revolución de La Habana.

A 20 metros de la plaza del pueblo se encuentra el Museo Comunal “La Higuera”, construido sobre la demolida escuelita donde el lunes 9 de octubre de 1967, luego de recibir la orden desde La Paz y Washington, las balas del Sargento Mario Terán atravesaron primero el antebrazo y el muslo de Guevara para luego, en una segunda ejecución después que el mismo Che le ordene que “apunte bien”, perforar el cuello del líder guerrillero. El reloj marca que faltan 15 minutos para la 1 de la tarde, el Che se está desangrando cuando ingresa el sargento Bernardino Huanca, quien le da un puntapié que lo coloca boca arriba y, a menos de un metro de distancia, le dispara a quemarropa directo al corazón. Una hora antes, lo habían sacado afuera del lugar para tomarle unas fotos. Muchos vecinos del pueblo tienen aquel recuerdo. Allí, dentro de esa habitación hoy no hay más espacio libre en las paredes.

[:]
Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
Top