image_pdfimage_print

La imagen de una niña de apenas siete años que juega con los tacones de la madre resulta una escena común, pues desde edades tempranas tanto ellas como los varones repiten patrones que rigen el comportamiento de uno u otro sexo.

Mas, la escena donde aparece la misma pequeña vestida con provocantes atavíos, al estilo de las superestrellas del Paseo de la Fama de Hollywood, o los infantes que cantan estribillos vulgares y explícitamente eróticos, tanto en la escuela como en el hogar, denota señas de un fenómeno conocido como sexualización o erotización infantil, que data de los inicios del presente siglo.

MUÑECAS FRENTE AL ESPEJO

El concepto de sexualización o erotización infantil alude a una realidad sociológica relacionada con expresiones, posturas o códigos del vestuario que buscan la seducción. Se trata de un proceso progresivo donde la influencia de las imágenes sexuales que a menudo rodean a los niños, determinan la apreciación sobre sí mismos, y aquello con lo que sueñan ser o poseer.

Esta es la síntesis del Informe Bailey, encargado en el 2011 por el exprimer ministro británico David Cameron, ante las quejas de los padres acerca de la conversión de los menores en consumidores precoces. El documento, noticia en aquel instante para las principales agencias y cadenas televisivas del mundo, disparó las alarmas acerca de una realidad evidente: ¿están los niños de hoy hipersexualizados?

Centros de belleza, certámenes para elegir a «misses» de diez años o promociones de bikinis con relleno, orientados al sector más joven de la población, dibujos animados de Barbie o las muñecas Bratz, cuyas figuras exhiben una delgadez extrema, fueron citadas en el Informe como las principales detonantes del conflicto.

Entonces, ¿la tendencia afecta más a las niñas que a los niños? Las más vulnerables, efectivamente, suelen ser las pequeñas, debido a concepciones estereotipadas sobre los estándares físicos que idealizan a la figura de la mujer.

Asimismo, justo en el año en que se conocen los resultados del estudio británico, la revista norteamericana de moda Vogue provocó gran revuelo con fotografías de pequeñas de apenas diez años en las que aparecían posando como divas.

Los escandalosos retratos costaron el despido a su directora, según señaló el artículo Francia pone freno a las «lolitas» de la periodista Ana Teruel, publicado el 5 de marzo del 2012 por el diario español El País.
 

TOCA A NUESTRAS PUERTAS

Aunque el tema ha sido poco tratado en los medios nacionales, en el 2015 el espacio televisivo Pasaje a lo desconocido abordó el asunto con Patricia Ares, presidenta de la Sociedad Cubana de Sicología y Profesora Titular de la Universidad de La Habana.

Ares mencionaba las causas de la «adultización» de los niños en el país, un fenómeno que comprende elementos de la formación de los menores e incluso del valor que se le atribuyen a algunos objetos. Así destacaba la educación sexista que reciben, las actitudes machistas que observan, el reforzamiento de estereotipos de belleza como en el caso de las muñecas Barbie, los videoclips, entre otros. Lo anterior, unido al uso sin supervisión de dispositivos móviles e Internet, donde es posible acceder a materiales que estimulan la atribución a los infantes de cualidades físicas y sicológicas propias de otras etapas de la vida, sitúan las raíces de la problemática en Cuba a inicios de los 2000.

Si bien en nuestro país la erotización precoz adquiere otras características –porque en la televisión no existen spots donde se promociona un auto y a su vez, aparece una provocadora mujer, algo así como: «compre este carro y tendrá semejante divinidad a su lado»–, algunos videos musicales tributan a visiones similares.

Lamentablemente, estos son, por demás muchas veces, la banda sonora de los festejos infantiles. Ahora los niños corean letras como la de la Señorita Dayana, en la cual expresa que ella no tiene perro ni gato, no da explicaciones y va para donde quiera porque es soltera.

Otro aspecto preocupante es el narcicismo que reina en redes sociales como Facebook o Instagram (dedicada solo a fotos), temible corriente en la que se inician los púberes cubanos ante la extensión paulatina de Internet en la Isla, donde no hay nada mejor para los preadolescentes que una autorretrato sensual si buscan popularidad.
 

CRECER ANTES DE TIEMPO

Surgen entonces las preguntas: ¿Quiénes les compran ropa? ¿Quiénes crean falsos conceptos de masculinidad y feminidad? ¿Quiénes repiten vulgaridades, en ocasiones en clara alusión a los órganos sexuales, en presencia de los más pequeños?

Curiosamente, todas las interrogantes tienen una misma respuesta: los padres, las escuelas, la comunidad, la industria del entretenimiento… entes que suponen una referencia para la educación de los infantes.

Son los adultos quienes se regodean con «el baile del perrito de las mujercitas recortadas» o los que celebran las fotos de los 15 en las que las muchachas aparecen semidesnudas con miradas que han perdido la candidez y la inocencia.

Tampoco escasean los progenitores, cómplices de los adolescentes cuando los disfrazan para que asistan a espacios nocturnos, vedados a los menores de edad. Incluso, es frecuente observar en las calles a niñas con atuendos que exhiben la silueta del conejito play boy, ícono de la revista homónima norteamericana de perfil pornográfico.

Los niños demandan afecto, educación y una representación oportuna de sus intereses, –según declara el Código de Familia cubano, vigente desde 1975–, y ello dista notablemente, de la vida en pareja o las tendencias de la última pasarela de Chanel o Gucci.

Pero, ¿cuáles son las consecuencias de la erotización precoz? Nadina Peñalver Díaz, sicóloga infantil del Centro Nacional de Educación Sexual, apunta: «Cuando vestimos a los infantes con ropa inadecuada para su edad y permitimos que adopten posturas o expresiones adultas, los iniciamos en el culto al cuerpo, a la belleza física y a valorar más lo material sobre lo espiritual».

Además, enumera entre las secuelas del fenómeno, el adelanto del inicio de las relaciones íntimas, embarazos en la adolescencia, fomento del consumismo, disminución de la autoestima y trastornos de la alimentación como la anorexia y la bulimia.

Fuente: Periodico Granma

Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  

Comentarios

comentarios