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Los estadounidenses han logrado importantes progresos en la reducción de la enfermedad cardiaca, pero dos nuevos estudios sugieren que un grupo, los pobres, siguen rezagados.

El riesgo de enfermedad cardiaca entre los estadounidenses de clase media y ricos se redujo en un 20 por ciento entre 1999 y 2014, apuntaron los investigadores.

Pero esos niveles han cambiado poco entre los pobres, que son igual de propensos a tener hipertensión, a fumar y a tener otros factores de riesgo de la enfermedad cardiaca y el accidente cerebrovascular que hace 15 o 20 años, hallaron los investigadores.

"Los adultos de todos los estratos de ingresos no se han beneficiado de forma equitativa de los esfuerzos por mejorar el control de los factores de riesgo cardiovasculares en Estados Unidos", comentó el Dr. Ayodele Odutayo, investigador principal de uno de los estudios.

La salud pública debe enfocarse en reducir las disparidades por los ingresos en los factores de riesgo cardiovasculares, en particular la presión arterial y el tabaquismo, señaló Odutayo, del Hospital St. Michael, en Toronto.

"Esto no solo incluye ampliar el acceso al seguro de salud, sino también garantizar que los planes de seguro que cubran a los adultos con unos ingresos más bajos ofrezcan una gestión y una consejería adecuadas relacionadas con los factores de riesgo cardiovasculares", planteó Odutayo.

En el estudio, Odutayo y sus colaboradores usaron las encuestas del Examen nacional de salud y nutrición de 1999 a 2014 para recolectar datos de más de 17,000 adultos de 40 a 79 años de años de edad. Se agruparon según los niveles de ingresos: altos, medianos o por debajo del nivel de pobreza federal (unos ingresos de 24,600 dólares para una familia de cuatro).

Los investigadores encontraron que el porcentaje de personas pobres con un riesgo absoluto de enfermedad cardiovascular de 20 por ciento o más se mantuvo en un 15 por ciento en el periodo de 1999 a 2004. Pero aumentó a casi un 17 por ciento entre 2011 y 2014.

Además, la presión arterial sistólica promedio (la primera cifra en una lectura de la presión arterial) entre los estadounidenses más pobres se redujo en apenas 1 punto, de 128 mm Hg a 127 mm Hg.

De forma similar, el tabaquismo entre los estadounidenses pobres se redujo solo de un 37 a un 36 por ciento, según el informe.

Pero entre los adultos más prósperos, el porcentaje de los que tenían un riesgo cardiovascular de un 20 por ciento o más se redujo de un 12 a un 10 por ciento entre 2011 y 2014.

La presión arterial sistólica promedio se redujo de 126 a 122 mm Hg entre las personas con ingresos medianos y altos, y el tabaquismo se redujo de un 14 por ciento a menos de un 9 por ciento, encontraron los investigadores.

Las tendencias en la cantidad de adultos con diabetes y el nivel promedio del colesterol total no cambiaron según los ingresos, encontraron los investigadores.

El trabajo se publicó en la edición en línea del 7 de junio de la revista JAMA Cardiology.

Un segundo estudio en la misma edición de la revista también encontró disparidades según los ingresos.

En la última década, se han probado varias iniciativas para mejorar la salud cardiovascular de los individuos con ingresos bajos, que han fracasado, dijo el autor líder, Adam Beckman, asesor de salud en Bethesda, Maryland.

"A pesar de esos esfuerzos, las tasas de hipertensión se redujeron en las personas con ingresos altos, pero aumentaron en las que tenían ingresos bajos", lamentó Beckman, cuya compañía se llama Aledade Inc.

El estudio de Beckman observó los factores de riesgo de los adultos de a partir de 25 años de edad utilizando datos de encuestas nacionales de EE. UU. entre 2005 y 2014. Él y sus colaboradores obtuvieron resultados similares, pero ligeramente distintos, que los del estudio de Odutayo.

"Las tasas de diabetes se redujeron en las personas de altos ingresos, pero no cambiaron en las de ingresos bajos", dijo Beckman.

Las tasas de colesterol alto y obesidad aumentaron en los grupos de ingresos tanto altos como bajos, pero aumentaron más entre los pobres que entre los ricos, apuntó.

El tabaquismo se redujo en las poblaciones tanto de ingresos más altos como más bajos, pero se redujo más entre las personas más ricas que entre las más pobres, señaló Beckman.

"Nuestros resultados enfatizan que necesitamos identificar y ampliar más rápidamente unos métodos efectivos para mejorar la salud cardiovascular en las comunidades con unos ingresos bajos", añadió.

Un experto apuntó que los hallazgos del estudio no son sorprendentes.

"Pero las implicaciones de esos resultados son chocantes", dijo el Dr. Donald Lloyd-Jones, vocero de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).

Las personas más pobres no están recibiendo el respaldo de salud pública que necesitan para dejar de fumar y obtener una buena atención médica de tal forma que puedan controlar su presión arterial, o prevenir la hipertensión en primer lugar, lamentó Lloyd-Jones, presidente de medicina preventiva en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad de Northwestern, en Chicago.

"Nos lo hemos buscado nosotros mismos, y la carga de esto la soportan los pobres de forma desproporcionada. La red de seguridad está empeorando", enfatizó Lloyd-Jones.

Si se revocan ciertas cláusulas de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (Affordable Care Act), como esperan algunos legisladores republicanos, los efectos negativos afectarán sobre todo a los pobres, añadió.

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