64 años del alzamiento del 30 de Noviembre

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64 años del alzamiento del 30 de Noviembre en Santiago de Cuba. Desde la Brigada Médica en Argelia, los colaboradores cubanos rinden homenaje a esta efemérides.

El pueblo de Cuba en 1956 se vistió de verde olivo y salió a defender a las calles su rechazo al tirano Fulgencio Batista.

En su red social de Facebook dicen: Hoy, cuando el gobierno norteamericano no ceja en sus intenciones de acabar con la Revolución, tratando de asfixiar la economía y con campañas difamatorias, es un aliento el espíritu, valentía y firmeza de los combatientes del 30 de noviembre.

Memorias de aquel día

En Santiago de Cuba un 30 de noviembre de 1956 el pueblo se vistió de verde olivo y salio a defender a las calles su rechazo al tirano cubano Fulgencio Batista.

La hora escogida para iniciar las acciones fue las siete de la mañana. Según testimonio del combatiente Taras Domitro: “se comenzaría con un bombardeo al Cuartel Moncada con un mortero. Al frente de esta operación estaban Léster Rodríguez y Josué País. Pero ambos fueron detenidos antes de la hora señalada. Cuando íbamos a pie en la misma esquina del Instituto de Segunda Enseñanza, por el fondo, pasó un sargento que nos conocía muy bien a Josué y a mí. Nos detuvieron a los dos y las armas se quedaron sin utilizar en el tiempo convenido. Al no sonar el mortero, hubo desorganización y desconcierto”.

Pepito Tey no esperó mucho. Llamó a María Antonia Figueroa, quien atendía el teléfono en el cuartel general de los revolucionarios: “Doctora, dígale a Salvador (Frank País) que llegó el momento”. Ella le pidió que se esperara y dio el recado a Frank, quien respondió: “Dígale que está bien”.

Minutos después, el estampido de los tiros inundaba la ciudad y el uniforme de los revolucionarios se hacía dueño de la situación.

Consideraciones de Frank

Sobre este hecho Frank relataría más tarde: “La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos, del Cuartel Moncada, de la Marina. Ruido de aviones volando a baja altura. Incendios en toda la ciudad. El Ejército Revolucionario dominaba las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio.

Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintas. La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros.

Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha.”

Gloria Cuadras

Narra cómo amaneció Santiago aquel día: «Todos nos asomamos al corredor, los autos de los muchachos pasaban gritando ¡Abajo Batista!, ¡Viva Cuba libre!, y yo decía: Pero Frank, ¿qué es esto?, y los vecinos gritaban también.

Entonces vimos a Pepito Tey —aseguró Taras Domitro—, quien en la máquina delantera sacaba su brazo vestido de verde olivo con el brazalete rojo y negro del 26 de Julio, lo levantó con el fusil empuñado y su grito de ¡Viva Cuba libre!, fue coreado por los combatientes que le acompañaban. Frank no se pudo contener y contestó con las mismas palabras.»

Luego al recordar el momento de la retirada la heroína comento: «Frank ordenó la retirada disciplinadamente, ordenadamente, y nos retiramos con mucha serenidad. Las dos cosas que más me impresionaron ese día, la primera, ver a Frank, su cara, la felicidad que reflejaba al ponerse el uniforme verde olivo.

Me impresionó también la serenidad y el valor de Haydee Santamaría , de Taras Dpmitro y de Vilma Espín, quienes con los camiones del ejército en las calles, iban llevando y sacando las armas.

En casa de una doctora, llegaron y las descargaron, con los camiones del ejército en las calles, llenos de guardias. Eso me impresionó, salvando las armas, pensando en que las teníamos que utilizar próximamente. La fe y seguridad en que pronto volveríamos a actuar.»

Vilma Espín

También rememora el momento de la retirada: «Fue celebrada una reunión en la que se discutieron los inconvenientes de ir a la montaña y se vieron los distintos puntos de posible acceso.

Finalmente se decidió que no iríamos, pues si Fidel hasta ese momento no había desembarcado, luego iba a ser mucho más difícil establecer contacto con él. Además, era necesario mantener viva la lucha en la ciudad.»

Enrique Ermuz

Habla sobre la lucha que mantuvo un grupo de jóvenes desde el Instituto de Segunda: «Cuando empezó el tiroteo, se acercó para ayudarnos un niño de unos 12 años.

Le dijimos que se fuera porque lo iban a matar y él contestaba: ¿Cómo voy a irme? ¿No están combatiendo ustedes? Yo también soy combatiente. Recuerdo que la cinta era de lona y cuando yo la suspendía para tirarle a los aviones, se caían las balas.

Entonces el niño me las recogía y se las iba poniendo de nuevo a la cinta. Aparecieron tres jóvenes, que no conocíamos como miembros de ninguno de los grupos del Movimiento, insistieron en que les diéramos armas para pelear, yo le di un rifle a cada uno y se fueron conmigo a la azotea. Y pelearon duro y con valentía.»

Fuente: Brigada Médica Cubana en Argelia.

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